De la misma rutina para todos a la era del detalle
Si miras atrás, el fútbol de los 70 y 80 se entrenaba casi igual para todos: correr, algo de fuerza y rondos. Nadie hablaba de preparación física específica por posición en fútbol, el portero hacía las mismas pasadas de mil metros que el extremo. El cambio serio llegó entre 2000 y 2010, con la irrupción del GPS y el vídeo: los cuerpos técnicos empezaron a ver que un lateral podía hacer el doble de sprints que un mediocentro en el mismo partido. En 2026 ya no tiene sentido hablar de “estar bien físicamente” sin añadir “según tu rol y tu forma de jugar”.
Por qué el mismo trabajo destruye el rendimiento colectivo
Cuando el físico no respeta los puestos, el equipo paga la factura táctica. Si cargas de resistencia lenta a un delantero explosivo, pierdes profundidad; si machacas de fuerza al mediocentro creativo, le robas frescura de decisión. El entrenamiento físico personalizado por puesto para equipos de fútbol no es un capricho moderno, es una medida de protección del modelo de juego. Lo que el analista pide en el pizarrón solo aparece en el césped si cada jugador puede repetir su gesto típico a la intensidad correcta durante 90 minutos.
Casos reales: del caos a la coherencia física-táctica

Un ejemplo claro es el salto del fútbol español tras 2008: muchos clubes de LaLiga empezaron a vincular métricas físicas a funciones tácticas. Un club medio que trabajé como consultor en 2019 llegó a reducir en un 30% las lesiones de isquios en extremos, simplemente ajustando volúmenes de sprint y fuerza excéntrica a sus mapas de carrera reales. Algo similar se vio en Brasil con un equipo que adaptó la preparación del “volante 5”: menos metros totales, más cambios de ritmo cortos, lo que disparó sus recuperaciones de balón sin aumentar la fatiga.
Diseñar un plan de preparación física por posiciones con sentido
Montar un buen plan de preparación física por posiciones para alto rendimiento deportivo no es coleccionar ejercicios “bonitos de Instagram”. Es cruzar tres capas: datos de partido (GPS, vídeo), exigencias del modelo de juego y perfil biológico del jugador. Al lateral le priorizas sprints repetidos y tolerancia a esfuerzos intermitentes; al interior, duelos cortos, fuerza de tronco y aceleraciones en espacios de 5‑10 metros. El truco está en modular la carga global del equipo sin perder las micro-dosis específicas que afinan cada rol.
Soluciones poco obvias: entrenar por “familias de función”
Un enfoque que casi nadie usa pero funciona muy bien es agrupar por “familias de función” en lugar de por línea clásica. Por ejemplo, en un 4‑3‑3, tu “familia de profundidad” puede incluir al 9 y a los extremos; tu “familia de control” a mediocentros e interiores; la “familia de vigilancia” a centrales y lateral del lado débil. Así creas programas de entrenamiento físico específico por posición para clubes deportivos donde compartes partes del trabajo entre quienes viven esfuerzos parecidos, aunque en el papel jueguen “posiciones distintas”. Ahorra tiempo y mejora la transferencia táctica.
Métodos alternativos: microciclos invertidos y juegos condicionados
Más allá del gimnasio, puedes usar juegos reducidos muy dirigidos para cargar físicamente cada rol. Un microciclo invertido, donde metes las tareas de máxima intensidad al inicio de la semana y las específicas por puesto cerca del partido, ayuda a respetar la frescura. Por ejemplo, tareas 3×3+comodines para interiores, con espacio reducido y límite de toques, acumulan aceleraciones y contactos; mientras, un 6×6 con zonas laterales potencia los sprints largos para laterales. Así el trabajo específico se “camufla” dentro de la lógica futbolística y no se siente como un bloque aislado.
Qué piden en 2026 los clubes de alto nivel a sus preparadores
Hoy los servicios de preparación física para equipos de fútbol profesionales ya no se miden solo en potencia máxima o VO₂max. Se valora cuánto alineas tu propuesta con el estilo del entrenador y con la salud de la plantilla a largo plazo. Se espera que el preparador domine software de carga interna y externa, sepa leer mapas de calor y entienda conceptos como “picos agudos de carga” por posición. El plus diferencial está en anticipar qué jugador sufrirá más cuando cambias el sistema, por ejemplo de un 5‑3‑2 a un 4‑2‑3‑1, y ajustar su dosis antes de que se lesione.
Lifehacks para profesionales: pequeños cambios, gran impacto

Algunos atajos marcan diferencia. Uno: diseña “bloques comodín” de 10 minutos que puedas añadir o quitar según cómo llegue cada posición al entreno; así ajustas microcargas sin rediseñar la sesión entera. Dos: usa perfiles de velocidad individual para definir sprints “reales”, no basados en distancias fijas; un sprint de central no es igual que el de un extremo. Tres: reserva al menos un día por microciclo para trabajo individual de movilidad y fuerza compensatoria específico por puesto; estos mini-mantenimientos sostienen el entramado invisible del entrenamiento físico personalizado por puesto para equipos de fútbol.
Mirando hacia adelante: tecnología sí, pero al servicio del juego
De cara a los próximos años, es fácil enamorarse de la IA, los wearables y las plataformas de datos. Úsalos, pero como medio, no como fin. La clave seguirá siendo entender cómo la preparación física específica por posición en fútbol potencia la idea de juego del entrenador y protege la carrera del futbolista. Si conviertes los datos en decisiones claras de carga, recuperación y rol, tus jugadores rendirán más y se lesionarán menos. Al final, el gran indicador de éxito es simple: cuántas veces por temporada tu once ideal puede jugar junto al 100% de su capacidad.
