«Pensó cómo hacer trampa»: acusan a Raúl Jiménez tras el Fulham – Tottenham y salpican su fama de «Míster Penales»
Raúl Jiménez se había ganado en la Premier League una reputación muy distinta a la que hoy se le quiere colgar. Durante años fue considerado un héroe en Wolverhampton, decisivo en momentos clave, y en su etapa con el Fulham ha recuperado parte de ese protagonismo. Su etiqueta de «Míster Penales» nació precisamente de su enorme efectividad desde los once metros. Sin embargo, nunca se le había asociado con la palabra «tramposo»… hasta que Igor Tudor, técnico del Tottenham, explotó tras la derrota de su equipo en el derbi londinense.
El enfado del entrenador croata estalló luego de que los Spurs cayeran frente al Fulham, equipo en el que milita el delantero surgido de las fuerzas básicas del América. Tudor cargó con dureza contra el atacante de la Selección Mexicana por una acción que desembocó en el primer gol del encuentro, y que a su juicio debió invalidarse por falta en ataque.
La jugada polémica ocurrió en la Jornada 8 de la Premier League. Tras un centro al área, Raúl Jiménez se eleva para disputar el balón con el defensa Radu Dragusin. Ambos terminan cayendo al césped, pero la acción continúa: el esférico es recentrado al corazón del área y Harry Wilson aparece para rematar a escasos metros de la portería y firmar el 1-0 al minuto 7.
El punto de controversia está en el gesto de Jiménez al ir al remate. El mexicano extiende los brazos en el salto, tratando de ganar posición, y es ahí donde Tudor ve algo más que un simple duelo físico. De acuerdo con su lectura, el delantero utiliza las manos para desestabilizar al zaguero y obtener una ventaja indebida, lo que constituye falta clara en ataque.
«Por supuesto que es falta, creo. Nueve de cada diez personas dirían que es falta, porque es muy obvio. A veces no entienden que basta con un pequeño contacto, si te da ventaja para marcar el gol, hay que anularlo», reclamó el técnico. Para él, no se trató de un choque normal, sino de una acción deliberada: «No es un duelo normal cuando él es suave, no, cuando empuja con las manos y no mira el balón. A veces es fácil obtener ventaja así».
La crítica subió de tono cuando Tudor fue más allá del simple análisis arbitral y cuestionó directamente la intención del atacante mexicano. Según sus palabras, Jiménez no estaba enfocado en el juego, sino en sacar rédito de un recurso ilícito: «Es ridículo no pitar la falta, porque las consecuencias son demasiado importantes. No es una falta pequeña en el centro del campo, es un gol después. El árbitro piensa ‘qué bonito es seguir jugando, juguemos fuerte, tengamos duelos’, y a mí eso me gusta. Pero hay una lógica: si el gol es porque él se aprovecha, sin pensar en el futbol, no estaba pensando en el balón, estaba pensando en cómo hacer trampa».
Con esa frase, el estratega terminó etiquetando al dorsal 9 de México como alguien que «hace trampa». «Empujó al jugador, se aprovecharon y marcaron el gol. Hay una lógica: es hacer trampa y hay falta. No es cuestión de duelos fuertes ni de que aquí se quiera un futbol más duro. No tiene nada que ver con eso. No hay lógica en esta decisión, y la lógica está por encima de todo», remató, visiblemente molesto.
Detrás de la furia de Tudor también hay un contexto que explica su reacción. El árbitro Thomas Bramall, juez principal del encuentro, dejó seguir la jugada en el campo y convalidó el gol de Wilson. Después, la acción fue revisada en el VAR por Craig Pawson, quien analizó el contacto de Jiménez con Dragusin y, pese a las protestas del Tottenham, apoyó la decisión original: no había evidencia suficiente para considerar falta manifiesta.
Ese respaldo del videoarbitraje encendió aún más al entrenador de los Spurs, que siente que su equipo viene arrastrando decisiones adversas en momentos clave. Antes de esta derrota, Tottenham ya había sufrido un duro golpe ante el Arsenal, con un 4-1 que dolió no solo por el marcador, sino porque el VAR anuló un gol de Randal Kolo Muani en una jugada que Tudor considera muy similar a la de Raúl Jiménez: un ligero contacto en el área que, según su versión, fue interpretado con un criterio totalmente distinto.
La nueva caída ante el Fulham profundiza la crisis deportiva del Tottenham. En sus últimos diez compromisos, el equipo acumula cuatro empates y seis derrotas, sin conocer la victoria durante dos meses del 2026. En ese marco, cada detalle, cada decisión arbitral y cada jugada discutida se amplifican y se convierten en motivo de descarga emocional, algo que también explica la dureza con la que Tudor se refirió al delantero mexicano.
Para Raúl Jiménez, la polémica llega en un momento en el que intentaba consolidarse de nuevo como un referente ofensivo en Inglaterra. Después de su grave lesión en la cabeza y de un largo proceso de recuperación, el atacante ha tenido que reconstruir su carrera paso a paso. En Fulham ha encontrado minutos, confianza y la oportunidad de volver a ser determinante, ya sea como goleador o como generador de juego para sus compañeros. Esta acusación de «tramposo» contrasta con la imagen de profesional serio y disciplinado que había construido desde su llegada a Europa.
Su apodo de «Míster Penales» tampoco nació por casualidad. Jiménez se ganó ese mote gracias a una tasa de acierto altísima desde los once metros: frialdad, buena técnica y lectura del portero han sido sus sellos distintivos al cobrar penas máximas. Precisamente por ese dominio en una faceta donde la concentración y la ética competitiva son clave, sorprende que ahora se le intente asociar con prácticas desleales en el área. Para muchos analistas, extender los brazos en un salto es un recurso habitual en el futbol moderno para ganar espacio, y la diferencia radica en si ese movimiento es desproporcionado o no.
El debate que se abre alrededor de la jugada va más allá del nombre de Jiménez. En la Premier League se ha insistido en permitir un juego más físico, con menos interrupciones y una mayor tolerancia al contacto, especialmente en el área. El límite entre «duelo fuerte» y «falta en ataque» se ha vuelto cada vez más difuso, generando interpretaciones distintas según el árbitro, el contexto del partido y las repeticiones que ofrece el VAR. Muchos entrenadores consideran que esa falta de uniformidad provoca que jugadas parecidas reciban tratamientos opuestos de una semana a otra.
Desde la óptica del atacante, acciones como la de Jiménez forman parte del oficio del delantero centro: ganar la posición, usar el cuerpo, incomodar al defensa y aprovechar cualquier mínimo espacio dentro del área. Los zagueros, por su parte, reclaman mayor protección, argumentando que con la excusa del «contacto permitido» muchas veces se pasan por alto empujones y agarres claros. El caso del mexicano se convierte, así, en un ejemplo perfecto de cómo una misma imagen puede interpretarse como «picardía legítima» o como «trampa descarada», dependiendo del cristal con que se mire.
En el entorno de la Selección Mexicana también se sigue con atención este tipo de episodios. Raúl se perfila, todavía, como una opción importante rumbo al Mundial de 2026, tanto por experiencia como por jerarquía. Ser señalado públicamente como alguien que «piensa en cómo engañar» al rival puede alimentar narrativas negativas en el extranjero, pero al mismo tiempo refuerza el respaldo de quienes lo conocen de cerca y destacan su profesionalismo. El rendimiento que muestre en los próximos meses con el Fulham será clave para que la discusión se centre en su futbol y no en acusaciones subjetivas.
Para el Tottenham, el fondo de la cuestión va más allá de un solo gol o un solo nombre propio. La racha de malos resultados ha puesto presión sobre el vestuario, el cuerpo técnico y la directiva. En este contexto, descargar la frustración en el criterio arbitral o en «trucos» del rival puede funcionar como válvula de escape, pero no resuelve los problemas estructurales del equipo: falta de solidez defensiva, desconexiones en momentos clave y una incapacidad reciente para cerrar partidos.
Del lado de Fulham, el triunfo y el tanto inicial validado por el VAR se perciben como un espaldarazo a su propuesta. El equipo ha apostado por un futbol valiente, de presión alta y ofensivo, en el que Jiménez juega un papel mucho más amplio que el de simple rematador: fija centrales, descarga de espaldas, arrastra marcas y genera espacios para futbolistas como Harry Wilson. Que una jugada suya, por polémica que sea, derive en gol refuerza la idea de que el mexicano sigue siendo influyente en el máximo nivel.
En última instancia, la etiqueta de «Míster Trampa» que algunos intentan colgarle choca con años de trayectoria en los que Jiménez se ganó respeto en vestuarios ingleses y en su propia selección. El futbol de élite, sin embargo, vive de percepciones cambiantes, y una sola acción puede marcar titulares durante días. Lo que ocurra en los siguientes partidos -si vuelve a ser decisivo, si responde con goles, si evita nuevas polémicas- terminará definiendo si este episodio queda como una anécdota pasajera o si abre una nueva etapa en la forma en que se percibe al histórico delantero mexicano en la Premier League.
