Cruz azul se comporta como equipo grande y enciende el debate con américa

“Cruz Azul se comporta como equipo grande, a diferencia de otros”: ¿mensaje para el América?

La Primera Ronda de la Concacaf Champions Cup llegó a su fin para los clubes de la Liga MX y dejó un saldo claro: solo Pumas quedó fuera de la competencia, mientras que Cruz Azul y América avanzaron, aunque con sensaciones completamente distintas. El contraste en las formas ha encendido el debate y ha puesto a la Máquina de Nicolás Larcamón en el centro de los elogios, al tiempo que se cuestiona el rendimiento del conjunto de André Jardine.

América aseguró su pase gracias al triunfo 1-2 como visitante ante Olimpia de Honduras, resultado que le permitió sobrevivir en el torneo pese a no poder ganar en el Estadio Ciudad de los Deportes en el partido de vuelta, donde se quedó en un empate sin goles que dejó muchas dudas. Cruz Azul, por su parte, no solo cumplió, sino que arrasó: después de imponerse en Canadá, remató la serie ante Vancouver con un contundente 5-0, para un global aplastante de 8-0. Una exhibición que fue interpretada como una declaración de intenciones de cara al resto del certamen.

Ese contraste fue tema central en el programa “Cuadro Titular” de Fox, donde los analistas discutieron el desempeño de ambos equipos en esta fase inicial de la Concachampions. En la mesa quedó claro que, mientras América avanzó con lo justo, Cruz Azul dio la impresión de un equipo dominante, con un futbol agresivo y contundente. En ese contexto, Fernando Cevallos lanzó una frase que encendió la polémica y que muchos leyeron como un dardo directo hacia el cuadro azulcrema.

Según Cevallos, lo mostrado por el equipo de Larcamón sí corresponde al comportamiento de un club verdaderamente grande:
“Cruz Azul hace lo que tiene que hacer: comportarse como un equipo grande. Y un equipo grande va y separa al rival que tiene; si le tiene que meter cuatro, cinco, seis, lo hace”.

La crítica no se quedó ahí. El analista aprovechó para marcar una diferencia clara con otras instituciones que se autodenominan gigantes del futbol mexicano, pero que, en su opinión, no respaldan ese estatus con sus actuaciones dentro de la cancha:
“Y eso lo hizo Cruz Azul, ¿no? A diferencia de otros que se dicen grandes y empatan”.

Aunque Cevallos nunca mencionó directamente al América, el contexto hacía casi imposible no interpretar sus palabras como una indirecta para el equipo de Jardine, que dejó escapar la oportunidad de redondear su serie con una victoria categórica en casa frente a un rival, en el papel, inferior. Para muchos aficionados y especialistas, el estándar de un “equipo grande” en torneos internacionales no es solo avanzar, sino hacerlo con autoridad.

Lo cierto es que, más allá de las formas, tanto América como Cruz Azul cumplieron con el objetivo inicial: ambos se instalaron en los octavos de final de la Concacaf Champions Cup. Los dos equipos, además, persiguen el mismo objetivo histórico: conquistar su octavo título en este certamen y colocarse definitivamente como el club más laureado de México en la competición regional. Esa lucha por el prestigio internacional agrega todavía más tensión al debate sobre quién se comporta realmente como grande.

Cruz Azul ya conoce el siguiente obstáculo en su camino: Rayados de Monterrey. El cuadro regiomontano no ha terminado de despegar futbolísticamente, pero cuenta con una de las plantillas más costosas y profundas de la competencia. Para Larcamón y sus dirigidos, este cruce representa una prueba mucho más exigente que la serie ante Vancouver y un termómetro real para medir si la Máquina está lista para competir de tú a tú con las nóminas más poderosas del continente.

América, en cambio, aún espera rival. Su siguiente oponente saldrá del duelo entre Philadelphia Union, representante de la MLS, y Defence Force de Trinidad y Tobago. Sea cual sea el ganador, la exigencia será alta: a los de Jardine no solo se les pedirá avanzar, sino mejorar la imagen dejada ante Olimpia, especialmente en el partido de vuelta, donde faltó creatividad, intensidad y contundencia.

La discusión sobre qué significa “comportarse como equipo grande” no es nueva en el futbol mexicano, pero la reciente jornada de Concachampions la reavivó con fuerza. Para algunos, como Cevallos, un club grande tiene la obligación de reflejar su jerarquía en el marcador cuando enfrenta a rivales de menor peso. Es decir, no basta con administrar la ventaja o especular con el resultado: hay que dominar, golear y dejar la serie sentenciada sin margen para las dudas.

En este sentido, la exhibición de Cruz Azul ante Vancouver se ha tomado como el ejemplo perfecto de esa mentalidad. La Máquina no se conformó con el resultado de la ida; en la vuelta, salió a atacar desde el primer minuto, presionó alto, fue vertical y no levantó el pie del acelerador hasta concretar una goleada escandalosa. Ese tipo de actuaciones refuerza la percepción de un equipo con ambición y hambre de títulos.

El caso de América se ve distinto. Si bien el triunfo como visitante frente a Olimpia fue valioso, el empate sin goles en el Estadio Ciudad de los Deportes dejó la sensación de un equipo que se quedó corto respecto a su potencial. Con una plantilla repleta de figuras y considerado uno de los favoritos al título, se esperaba un cierre de serie más contundente. De ahí que las críticas apunten no solo al resultado, sino a las “formas” que mencionan los analistas.

Detrás de este debate también hay un componente emocional e histórico. Cruz Azul arrastra años de altibajos, títulos perdidos de manera dramática y cuestionamientos constantes sobre su grandeza. Por eso, cada actuación dominante en el plano internacional se interpreta como una oportunidad para reafirmar su estatus. América, en cambio, vive bajo la presión permanente de sostener su etiqueta de club más ganador y más mediático del país; cualquier actuación que no sea aplastante suele considerarse insuficiente.

Otro punto que se ha puesto sobre la mesa es el factor entrenador. Nicolás Larcamón comienza a construir una identidad reconocible en Cruz Azul: un equipo intenso, agresivo y con vocación ofensiva. Sus planteamientos ante Vancouver reflejaron un plan claro, sin concesiones. André Jardine, por su parte, ha demostrado capacidad para competir y ganar en la Liga MX, pero ahora enfrenta el reto de trasladar ese dominio a la escena internacional con actuaciones que convenzan incluso a los más exigentes.

Más allá de la polémica puntual con la frase de Cevallos, esta Concachampions se perfila como un escenario clave para medir la jerarquía real de los grandes del futbol mexicano. Si Cruz Azul mantiene el nivel mostrado en la primera ronda y logra superar a un rival de la talla de Monterrey, el discurso de que “se comporta como equipo grande” se fortalecerá. Si América corrige el rumbo, mejora su futbol y se impone con autoridad en los octavos, podrá responder en la cancha a las críticas sobre su falta de contundencia.

Al final, tanto aficionados como analistas coinciden en algo: los equipos grandes se juzgan por los títulos que ganan, pero también por la manera en que compiten en los momentos clave. La Concacaf Champions Cup ofrece a América y Cruz Azul la oportunidad perfecta para demostrar si sus etiquetas históricas se sostienen con hechos. Por ahora, la Máquina ha dado un golpe sobre la mesa; el América está obligado a responder si no quiere que las indirectas se conviertan en acusaciones directas.

En las próximas semanas, cada partido de Concachampions será observado con lupa. Se evaluará no solo quién avanza, sino cómo lo hace: si domina, si sufre, si golea o si simplemente sobrevive. Y en ese análisis, frases como “Cruz Azul se comporta como equipo grande, a diferencia de otros” seguirán resonando como un recordatorio de que, en el futbol, la grandeza no solo se proclama: se demuestra en la cancha y en el marcador.