Jürgen Klinsmann lo veía venir desde hace tiempo. Para el exseleccionador de Estados Unidos, el potencial del combinado de las barras y las estrellas no era una promesa vacía, sino un proyecto que tarde o temprano iba a explotar. Su diagnóstico antes del Mundial 2026 fue claro: si el grupo lograba convertirse en un verdadero equipo, tenía condiciones para dar un salto competitivo histórico y pelear, como mínimo, por un lugar entre los ocho mejores del torneo.
En lo que va de la Copa del Mundo, el papel de los anfitriones norteamericanos ha sido notable. Mientras México desperdició la oportunidad de golear a una Sudáfrica que terminó con solo nueve jugadores en el campo y Canadá apenas pudo rescatar un empate en su debut, Estados Unidos se presentó con autoridad: un contundente 4-1 ante Paraguay, rival siempre incómodo en este tipo de competiciones. Actuaciones como esta sostienen la idea de que el «soccer» estadounidense ha dejado atrás la fase de proyecto y se ha instalado definitivamente en la élite.
Nada de esto sorprende a Jürgen Klinsmann. Campeón del mundo con Alemania en 1990 y seleccionador estadounidense durante cuatro años, incluido el Mundial 2014 -donde llevó al equipo hasta octavos de final y puso en aprietos a Bélgica-, el técnico alemán reúne una doble mirada privilegiada: conoce de primera mano la idiosincrasia del fútbol europeo y, al mismo tiempo, entiende cómo se ha construido el modelo futbolístico en Estados Unidos. Desde esa posición, sus advertencias sobre el potencial del cuadro estadounidense no eran un elogio vacío, sino el resultado de un análisis profundo.
En una conversación en el BMO Stadium de Los Ángeles, Klinsmann se detuvo a desgranar el momento actual del fútbol global, la transformación del «soccer» en territorio norteamericano y sus pronósticos para el Mundial 2026. Uno de los puntos que más le entusiasman es la nueva hornada de jugadores estadounidenses asentados en las grandes ligas europeas, con nombres como Christian Pulisic o Weston McKennie como cabezas visibles de una generación mucho más preparada y competitiva que la de hace apenas una década.
«Estados Unidos tiene ahora un grupo de talento realmente excepcional», subraya el alemán. Para él, la clave no pasa tanto por la calidad individual, que ya está contrastada, sino por la capacidad del vestuario para funcionar como un bloque sólido: «Si se funden como un verdadero equipo, pueden llegar lejos, tal vez hasta unos cuartos de final». En otras palabras, el techo de este conjunto no depende tanto de sus estrellas, sino de la cohesión colectiva que sean capaces de construir en un torneo de máxima exigencia.
Klinsmann insiste en que la Copa del Mundo 2026 será un punto de inflexión para el fútbol estadounidense. Considera que el torneo sirve como un enorme escaparate para consolidar una evolución que, según él mismo reconoce, ha sido «increíble» desde el Mundial de 1994. Aquella edición dejó estadios llenos y un impacto social considerable, pero el país aún estaba dando sus primeros pasos en la construcción de una cultura futbolística estable. Tres décadas después, el panorama es radicalmente diferente: el juego forma parte del paisaje deportivo cotidiano, y las nuevas generaciones crecen con referentes propios.
En este contexto, la MLS ocupa un lugar central en el análisis de Klinsmann. El alemán sostiene que la liga ha dejado de ser vista como el último destino de grandes figuras en el ocaso de su carrera. «Ya no se trata solo de una liga de retiro», apunta, sino de un entorno cada vez más competitivo que sirve tanto de plataforma de formación para futuras estrellas europeas como de polo de atracción para jóvenes talentos sudamericanos y futbolistas de prestigio internacional. La llegada de figuras del calibre de Lionel Messi es, para él, el símbolo más visible de este cambio de percepción.
El desarrollo de infraestructuras, academias y programas de captación también ha sido determinante. Estados Unidos ha invertido en centros de alto rendimiento, metodologías modernas y entrenadores formados en escuelas europeas y sudamericanas. Klinsmann ve en esa combinación de organización, recursos económicos y apertura a ideas externas un caldo de cultivo ideal para que aparezcan cada vez más jugadores con capacidad para competir en las mejores ligas del mundo. El resultado es un seleccionado con mayor profundidad de plantilla y con futbolistas acostumbrados a la presión en contextos de primer nivel.
El impacto del Mundial sobre el público local tampoco es un detalle menor. Para el exseleccionador, la celebración del torneo en Estados Unidos, Canadá y México consolidará al «soccer» como uno de los deportes principales en la región, sobre todo entre los más jóvenes. La presencia continua de grandes estrellas, el ambiente de los estadios y la sensación de estar en el centro del fútbol mundial pueden marcar a toda una generación de aficionados que, a diferencia de sus padres, ya no verán este deporte como algo «importado», sino como parte de su identidad deportiva.
Más allá del análisis sobre Estados Unidos, Klinsmann también se detuvo en sus candidatos al título. A su juicio, España llegará al torneo como gran favorita en la opinión pública. «Creo que cuatro de cada cinco personas señalarán a España como la gran favorita», asegura el alemán, que no escatima elogios a la generación que dominó el fútbol mundial entre 2008 y 2012, a la que define como «inolvidable». Sin embargo, su apuesta personal para levantar el trofeo no recae en la selección ibérica.
«De alguna manera siento que va a ganar Brasil», confiesa. Para Klinsmann, la «canarinha» fue el equipo más completo en Qatar hasta su eliminación por penaltis, y esa sensación de superioridad no se ha diluido. Lo que, según él, puede marcar la diferencia en 2026 es el liderazgo desde el banquillo: la llegada de Carlo Ancelotti. «Su contratación ha sido un movimiento muy inteligente. Para mí, Carlo Ancelotti es uno de los mejores entrenadores del mundo», afirma. El alemán considera que el italiano posee el perfil perfecto para gestionar un vestuario plagado de talento y egos, un grupo de auténticos «galácticos» que necesita una figura serena, respetada y con experiencia en contextos de máxima presión.
En opinión de Klinsmann, el trabajo de Ancelotti en clubes de élite lo avala como un técnico capaz de obtener rendimiento inmediato de sus plantillas sin perder el control del camerino. Esa mezcla de mano izquierda, autoridad y conocimiento táctico podría ser el ingrediente que le faltaba a Brasil para transformar su potencial ofensivo en un nuevo título mundial. «Fichar a Carlo Ancelotti ha sido muy inteligente por parte de Brasil, creo que serán campeones», insiste.
El entrenador alemán también se pronuncia sobre uno de los temas que siempre generan debate: el futuro del Real Madrid. Con el retorno de José Mourinho al banquillo blanco, Klinsmann se muestra categórico: «Es un entrenador único. Si alguien es capaz de arreglar al Real Madrid, es José Mourinho». Para él, el portugués conserva intacta su capacidad de construir equipos competitivos, blindarlos defensivamente y sacar el máximo de sus futbolistas en escenarios hostiles, características que pueden resultar determinantes en un club sometido continuamente al escrutinio público.
Más allá de su rol como analista, Klinsmann no descarta volver a dirigir en una de las grandes ligas europeas. Ante la posibilidad de un desembarco en el campeonato español, se muestra abierto: «¿Por qué no?», responde con naturalidad. Eso sí, admite con autocrítica que tendría que pulir un detalle no menor: «Tendría que mejorar mucho mi español». Detrás de la broma se esconde el reconocimiento de que el idioma y la cultura local son factores clave para tener éxito en un vestuario.
El propio recorrido de Klinsmann como técnico refleja la evolución del fútbol global. Pasó por selecciones, clubes grandes y proyectos en distintas culturas futbolísticas, y ese bagaje le permite detectar tendencias. Una de ellas es la creciente integración entre mercados que antes parecían lejanos: futbolistas estadounidenses triunfan en Europa, talentos sudamericanos se forman en la MLS y técnicos europeos lideran proyectos en América del Norte. Para él, este intercambio constante es lo que está empujando al «soccer» estadounidense hacia un nuevo escalón competitivo.
Mirando hacia adelante, el alemán cree que el gran reto para Estados Unidos no será solo brillar como anfitrión, sino sostener ese nivel una vez apagados los focos del Mundial. Mantener la inversión en formación, consolidar la MLS como liga exportadora y seguir nutriendo a la selección con futbolistas habituados a competir al máximo nivel serán, a su juicio, las claves para que el país deje de ser visto como una sorpresa y pase a considerarse un candidato habitual a las rondas finales.
En definitiva, las palabras de Jürgen Klinsmann funcionan casi como un mapa del presente y futuro del fútbol en el continente. Por un lado, señalan a Estados Unidos como un proyecto en plena madurez, capaz de ilusionar con unos cuartos de final o incluso algo más si logra esa fusión colectiva que él reclama. Por otro, apuntan a Brasil y a la figura de Ancelotti como la combinación con más argumentos para conquistar el título, mientras se reserva para España el rol de gran favorita en la opinión general. Entre análisis tácticos, proyecciones de futuro y reflexiones sobre el crecimiento del «soccer», queda una conclusión clara: el Mundial 2026 no será solo un torneo más, sino el examen definitivo para medir hasta dónde ha llegado, y hasta dónde puede llegar, el fútbol en Estados Unidos.
