La nueva desgracia de Paraguay rumbo al Mundial: la lesión de Julio Enciso reabre las viejas heridas de José Cardozo y Salvador Cabañas
Paraguay vuelve a vivir una pesadilla conocida a las puertas de un Mundial. En el último amistoso previo a la Copa del Mundo 2026, Julio Enciso abandonó el campo entre lágrimas y encendió todas las alarmas en la Albirroja. La escena, con el delantero tomándose la zona afectada y sin poder contener el llanto, golpeó de lleno a una afición que veía en él la gran esperanza ofensiva del equipo para el torneo.
El contexto no podía ser más cruel: se trataba del último partido de preparación antes del debut mundialista. Enciso llegaba en un gran momento, consolidado como una de las piezas más influyentes del ataque paraguayo, y todo apuntaba a que sería protagonista en la fase de grupos. Sin embargo, una lesión inesperada cambió en cuestión de minutos el panorama deportivo y emocional de toda una selección.
Las primeras valoraciones médicas hablan de un periodo de recuperación cercano a las tres semanas. Ese plazo, aunque no lo descarta por completo del Mundial, prácticamente lo deja fuera de los dos primeros compromisos de Paraguay en la fase de grupos. En un torneo tan corto y exigente, perder a tu jugador más desequilibrante en el arranque es un golpe que cuesta asimilar.
El calendario se vuelve, así, en el principal enemigo del delantero. Si los tiempos se cumplen tal como se ha estimado, Enciso solo podría reaparecer en el tercer partido de la fase de grupos, siempre y cuando su evolución sea positiva y no surjan contratiempos. La Albirroja, por tanto, se ve obligada a diseñar un plan alternativo para afrontar los primeros encuentros sin su referente en ataque.
Este escenario presiona de inmediato al resto del plantel. Sin Enciso, el cuerpo técnico tendrá que reconfigurar el esquema ofensivo, buscar nuevas sociedades en el último tercio de la cancha y apostar por otros futbolistas para asumir el rol protagónico. La ausencia de un jugador que aporta velocidad, cambio de ritmo, uno contra uno y personalidad competitiva deja un vacío difícil de llenar.
Al mismo tiempo, la situación toca una fibra sensible en la memoria colectiva del futbol paraguayo. La lesión de Enciso reaviva una vieja sensación de fatalidad ligada a los Mundiales, una especie de «maldición» que el país asocia a la pérdida de sus grandes figuras justo antes de las grandes citas. Los nombres de José Saturnino Cardozo y Salvador Cabañas aparecen de inmediato como dolorosos antecedentes.
En el caso de José Cardozo, uno de los máximos goleadores en la historia del futbol paraguayo, las molestias físicas condicionaron su participación en una Copa del Mundo en la que se esperaba que fuera determinante. Llegaba como arma letal en el área y símbolo de una generación con enorme expectativa, pero problemas musculares y lesiones inoportunas limitaron su papel justo cuando más se le necesitaba.
Lo de Salvador Cabañas fue aún más dramático. El delantero, en plenitud futbolística y considerado el gran referente de Paraguay rumbo al Mundial de 2010, vio truncada su carrera por un ataque que cambió su vida para siempre y lo dejó fuera de la Copa del Mundo. Aquel golpe conmocionó no solo al país, sino al mundo del futbol, y dejó una cicatriz profunda en la historia reciente de la selección.
Por eso, ver ahora a Enciso salir del campo entre sollozos activa todos esos recuerdos. No se trata únicamente de una lesión más, sino de la repetición de un patrón que muchos aficionados viven como un destino cruel: cada vez que Paraguay forma una figura capaz de marcar diferencias en un Mundial, algo sucede en la antesala del torneo. De ahí que se hable nuevamente de una «maldición» que persigue a las grandes estrellas albirrojas.
El impacto de la baja provisional de Enciso va más allá del aspecto técnico. Anímicamente, el golpe es fuerte. En pocos minutos, el clima de ilusión que rodeaba al equipo se transformó en preocupación e incertidumbre. El vestuario, el cuerpo técnico y la afición se vieron obligados a digerir la noticia a días del debut, intentando mantener la calma mientras se aguardaban con ansiedad los informes médicos definitivos.
En el plano estrictamente futbolístico, Enciso representa mucho más que un buen delantero. Su capacidad de encarar, su velocidad en transición, su atrevimiento para pedir la pelota en momentos de máxima presión y su habilidad para resolver partidos cerrados con una jugada individual lo convierten en un futbolista ideal para la fase de grupos de un Mundial, donde los márgenes son mínimos y un detalle puede inclinar la balanza.
La ausencia del atacante obliga a Paraguay a explorar nuevas variantes. Es probable que se apueste por un planteamiento más colectivo en ataque, potenciando las asociaciones entre volantes ofensivos y extremos, y buscando que el gol se reparta entre varios jugadores en lugar de depender de una sola figura. También se incrementa el peso de los balones detenidos, un recurso históricamente fuerte para los paraguayos, que podrían explotar aún más estas jugadas para compensar la falta de desequilibrio individual.
Esta situación, sin embargo, también abre una ventana de oportunidad para otros futbolistas que aspiran a ganarse un lugar en el once titular. La historia de los Mundiales está llena de casos en los que una lesión de una estrella abrió la puerta a un protagonista inesperado. En Paraguay ya se mira a los jóvenes emergentes y a los hombres de experiencia que pueden tomar la posta, al menos mientras Enciso se recupera.
Desde el punto de vista psicológico, el reto es enorme. El cuerpo técnico deberá trabajar para que la idea de «maldición» no se incruste en la mente de los jugadores. Convertir la adversidad en motivación será clave: transformar el dolor por la lesión de Enciso en un compromiso extra para competir, correr más, presionar mejor y no bajar los brazos en ningún momento. La narrativa puede cambiar de fatalismo a resiliencia si el grupo asume el golpe con carácter.
En la afición también se produce una mezcla de sentimientos. Por un lado, prevalece el temor de repetir historias pasadas y ver cómo, nuevamente, un futbolista destinado a brillar se pierde parte del Mundial. Por otro, permanece la esperanza de que la recuperación del jugador sea más rápida de lo previsto y pueda llegar al tercer partido de la fase de grupos, un duelo que podría ser decisivo para el futuro de Paraguay en el torneo.
El escenario deportivo es claro: iniciar un Mundial sin tu principal arma ofensiva condiciona la estrategia general. Paraguay deberá plantear sus dos primeros compromisos con enorme solidez defensiva y máxima efectividad en las pocas ocasiones que genere. Cada punto obtenido en esos partidos se volverá oro puro, sobre todo si existe la posibilidad de contar con Enciso en el cierre del grupo, cuando todo suele definirse.
Si finalmente el atacante llega en condiciones al tercer encuentro, la selección podría experimentar un «refuerzo interno» en pleno torneo. La sola presencia de Enciso en el campo elevaría la confianza del equipo y obligaría al rival a modificar su plan defensivo. Tener un jugador fresco, con hambre de revancha y con deseos de demostrar que la lesión no lo derrotó, puede cambiar por completo el guion de la participación paraguaya.
Al margen de la coyuntura puntual, el caso vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la preparación física y la gestión de cargas en la recta final antes de un Mundial. Los amistosos previos, indispensables para ajustar detalles tácticos, representan también un riesgo cuando se trata de futbolistas clave. Encontrar el equilibrio entre competir y proteger a las figuras se convierte en una tarea cada vez más delicada para los seleccionadores.
En Paraguay, mientras tanto, solo queda esperar los avances día a día. El entorno del equipo se aferra a la posibilidad de que el tiempo de baja se mantenga en el rango más optimista y que no aparezcan complicaciones. Nadie habla de milagros, pero sí de una recuperación limpia que permita ver a Enciso, aunque sea parcialmente, en la fase de grupos.
Lo que está claro es que, una vez más, la selección paraguaya deberá luchar contra algo más que sus rivales de grupo: tendrá que sobreponerse a sus propios fantasmas. Entre la memoria de Cardozo, la tragedia de Cabañas y la incertidumbre por Enciso, el futbol paraguayo se enfrenta al desafío de romper de una vez por todas con la etiqueta de «maldición» y demostrar que, incluso sin su estrella al ciento por ciento, puede competir y dejar su huella en el Mundial 2026.
