Hay que sostener el proyecto de efraín juárez: garcía aspe exige título a pumas

«Hay que sostener el proyecto de Efraín Juárez»: García Aspe pide paciencia… pero también un título para Pumas

En pleno ambiente mundialista, Alberto García Aspe se detiene a observar con lupa la realidad de dos instituciones donde marcó época: América y Pumas. El histórico exmediocampista de la Selección Mexicana, hoy convertido en voz autorizada del futbol nacional, comparte su lectura del momento que atraviesan ambos clubes, con un mensaje claro para la afición universitaria: el proceso de Efraín Juárez debe continuar, pero ya es hora de pelear seriamente por un campeonato.

Durante la presentación al sur de la Ciudad de México de la nueva playera conmemorativa «Verdaderas leyendas de la Selección Nacional» -un homenaje a su trayectoria con el Tri y a la de figuras como Luis García y Carlos Hermosillo-, García Aspe alternó anécdotas y recuerdos de su época como jugador con un análisis del presente de Pumas y América, dos de los equipos más seguidos y exigidos del balompié azteca.

Pumas: entre el tropiezo internacional y el buen paso en Liga

Han pasado 37 años desde que «Beto» García Aspe se puso por primera vez la camiseta de Pumas en los vestidores de Ciudad Universitaria. Desde entonces, el club ha vivido ciclos de gloria y de crisis, pero pocas veces había enfrentado un contraste tan marcado como el actual: un «papelón» en la Concachampions 2026, siendo el único equipo mexicano en quedar eliminado, y al mismo tiempo una sólida presencia en la Liga MX, instalada en el tercer lugar de la tabla del Clausura 2026.

Precisamente por ese choque entre la decepción internacional y la competitividad en el torneo local, Aspe pide que el entorno no se deje arrastrar por la histeria, sino que entienda el contexto. Para él, el proyecto encabezado por Efraín Juárez aún no se ha agotado y merece continuidad, al menos durante el presente certamen.

«Pumas ya lleva muchos años sin títulos. Es cierto que lo de la CONCACAF fue un desastre, pero en la Liga el equipo está arriba, compitiendo. Hay que darle tiempo a este proceso y ver qué pasa con Efraín Juárez. Yo creo que se debe mantener, por lo menos este torneo, y evaluar cómo va respondiendo el equipo, porque la afición ya necesita un campeonato», reflexiona el exmediocampista.

Quince años sin levantar la liga: la urgencia del título

El discurso de García Aspe no es una defensa ciega del entrenador, sino un llamado a la coherencia: no se puede exigir un proyecto sólido si se cambia de técnico ante el primer tropiezo. Sin embargo, también subraya un dato que pesa mucho en el ánimo de cualquier seguidor auriazul: está a punto de cumplirse década y media sin que Pumas levante un trofeo de Liga MX.

Quince años sin coronarse en el futbol mexicano es demasiado para un club que se asume grande, formador y protagonista. Esa sequía alimenta la impaciencia en las gradas de Ciudad Universitaria, aumenta la presión para los jugadores y pone bajo la lupa cada decisión de la directiva. En ese contexto, cualquier eliminación internacional, por dolorosa que sea, tiende a amplificarse.

Para García Aspe, el desafío es encontrar el equilibrio: no caer en el conformismo por estar en los primeros puestos del Clausura, pero tampoco dinamitar el proceso de Juárez cuando, al menos en la Liga, el equipo se mantiene competitivo. En otras palabras, Pumas debe transformar el buen rendimiento en fase regular en un proyecto capaz de ganar liguillas y volver a poner una estrella en su escudo.

¿Qué significa «mantener el proceso» en Pumas?

Cuando Aspe habla de sostener el proceso de Efraín Juárez, va más allá de una simple permanencia en el banquillo. Implica darle herramientas, tiempo y una estructura deportiva coherente. Mantener un proyecto en Pumas significa:

– Respetar una idea de juego y permitir que madure.
– Apoyar al entrenador en temas de refuerzos y salidas.
– Apostar por la cantera, uno de los sellos históricos del club.
– Construir una base de jugadores que se mantenga más de un torneo.

El exjugador conoce de primera mano lo que ocurre cuando se cambian técnicos, plantillas y objetivos cada seis meses: el equipo pierde identidad y la presión termina devorando cualquier propuesta. Por eso insiste en que el juicio sobre Juárez debe hacerse al cierre del torneo, evaluando no solo la posición en la tabla, sino el desempeño global del conjunto.

La afición, entre la paciencia y el hartazgo

El termómetro emocional en las tribunas de CU es complejo: hay una generación que casi no ha visto al equipo campeón y otra que recuerda los años dorados, y ambas convergen en la misma conclusión: ya no basta con «competir», hace falta ganar.

Esa mezcla de nostalgia y frustración hace que cualquier resbalón, como la eliminación en Concachampions 2026, duela el doble. De ahí que la petición de García Aspe tenga un matiz especial: pide paciencia, pero reconoce el cansancio de la afición. No se trata de resignarse a otro torneo de «quedarse cerca», sino de construir las condiciones para que Pumas vuelva a ser un candidato real al título.

En ese sentido, el comportamiento del equipo en la fase final del Clausura 2026 será clave. Mantenerse en los primeros puestos solo tendrá valor si se traduce en liguilla competitiva, partidos de autoridad y, idealmente, una final. De lo contrario, la narrativa de «buen torneo sin coronarse» seguirá alimentando la sensación de ciclo inconcluso.

América y la era Jardine: tricampeón bajo sospecha

Del otro lado, García Aspe voltea hacia Coapa y se encuentra con un escenario muy distinto, aunque igual de presionado. América, bajo el mando de André Jardine, atraviesa un momento delicado en el Clausura 2026, ubicado en la décima posición de la tabla. Un lugar que, para la exigencia azulcrema, se percibe como un auténtico retroceso.

Sin embargo, Aspe subraya un factor que muchos han decidido olvidar en medio de las críticas: el estratega brasileño es tricampeón con las Águilas. Sus resultados recientes lo respaldan, incluso si el presente no es el mejor y el funcionamiento del equipo ha levantado dudas. Para el exseleccionado, es normal que existan ciclos en los clubes y que, de tanto en tanto, se generen baches de rendimiento.

«A ver, él ya consiguió un tricampeonato y hoy todo el mundo lo está criticando. Es parte de la dinámica del futbol: hay ciclos, cambios de plantel, momentos altos y bajos. Incluso puede llegar el momento de un cambio de técnico, porque no se puede estar siempre en la cima. Pero yo creo que América va a ir levantando poco a poco en cuanto recupere a los jugadores que hoy tiene lesionados», explica.

La crisis de América: lesiones y desgaste de plantel

García Aspe no niega que América esté en crisis deportiva, pero la contextualiza: el equipo arrastra una lista importante de lesionados, lo que ha afectado la competencia interna, el rendimiento en partidos clave y la continuidad en el estilo de juego. Un plantel golpeado físicamente difícilmente puede sostener el nivel de intensidad que le exige su historia y su afición.

El desgaste también es natural después de títulos consecutivos. Mantener la misma motivación, frescura táctica y hambre de triunfo tras un tricampeonato no es sencillo. En muchos casos, los equipos campeones necesitan renovar ciertas piezas, refrescar posiciones y encontrar nuevas variantes para evitar volverse predecibles.

Dentro de esa lógica, Aspe deja abierta la puerta a que en algún momento se produzca una reestructuración, ya sea en la plantilla o en el cuerpo técnico. No lo plantea como una urgencia inmediata, sino como una consecuencia normal de los ciclos en el futbol: cuando la curva de rendimiento baja de forma sostenida, las directivas suelen reaccionar.

Exigencia de grandeza para ambos clubes

Tanto en Pumas como en América existe un denominador común: la exigencia de grandeza. En uno, la presión viene por la ausencia prolongada de títulos; en el otro, por la obligación de pelear siempre por el primer puesto, independientemente de lo logrado en el pasado reciente.

García Aspe, que vivió la presión de estos vestidores, entiende que ni uno ni otro pueden escudarse únicamente en pretextos. Pumas no puede conformarse con ser tercero de la Liga MX si no se traduce en un campeonato, y América no puede refugiarse eternamente en el tricampeonato para justificar un torneo irregular.

Lo que propone el exmediocampista es una mirada menos visceral y más de proyecto: analizar procesos completos, valorar contextos (lesiones, salidas, recambios generacionales) y, a partir de ahí, tomar decisiones firmes. Ni la destitución inmediata ni la paciencia infinita suelen ser la solución; el punto medio es saber cuándo sostener y cuándo cerrar un ciclo.

El legado de García Aspe y su visión del futbol actual

Su participación en la campaña «Verdaderas leyendas de la Selección Nacional» no es casual. García Aspe forma parte de una generación que entendía el peso de portar camisetas como la de Pumas, América y el Tri. Hoy, desde el análisis, trata de trasladar esa experiencia a una reflexión más amplia sobre el futbol mexicano: la necesidad de procesos, la importancia de la identidad institucional y el valor de la continuidad cuando hay bases sólidas.

Desde esa perspectiva, su respaldo a Efraín Juárez no es simplemente un gesto de solidaridad con un entrenador joven, sino una apuesta por una forma de trabajar que le ha hecho falta a muchos clubes en México: confiar en un proyecto lo suficiente como para permitirle llegar, por lo menos, a su evaluación natural al final de un torneo.

¿Qué viene para Pumas y América?

El cierre del Clausura 2026 se presenta como una prueba decisiva. Para Pumas, significará demostrar si el tercer lugar en la tabla es síntoma de crecimiento real o una ilusión estadística que se desinflará en liguilla. Para América, será el termómetro que marque si la era Jardine está realmente agotada o si el equipo es capaz de recomponerse cuando recupere a sus lesionados.

En cualquier caso, el mensaje de Alberto García Aspe queda claro: sostener lo que funciona, corregir lo que no, y no olvidar que, al final del día, clubes como Pumas y América serán juzgados por lo que levanten en vitrinas. Y, en el caso de los universitarios, la deuda con su afición ya se mide en años, en finales perdidas y en esa frase que resuena cada torneo: la necesidad de un título ya es inaplazable.