Alfredo adame arremete contra emilio azcárraga jean por televisa y el américa

“No heredó la inteligencia de su papá, lo importante era el América”: Alfredo Adame arremete contra Emilio Azcárraga por su gestión en Televisa

Con su estilo frontal y polémico, Alfredo Adame volvió a colocarse en el centro de la conversación al lanzar duras declaraciones contra Emilio Azcárraga Jean. El actor y conductor criticó abiertamente la manera en que el empresario ha llevado el control de Televisa y el peso que, según él, le dio al Club América por encima de la propia televisora.

Durante una extensa charla en el podcast de Adrián Marcelo, Adame no solo recordó los motivos que lo llevaron a salir de la empresa, sino que también cuestionó la capacidad de Azcárraga Jean para suceder a su padre, Emilio Azcárraga Milmo. Para el actor, el actual presidente de Televisa no ha estado a la altura del legado familiar.

Adame aseguró que su lealtad siempre estuvo dirigida al patriarca del emporio:
“Mi fidelidad era con Emilio, padre, no con el hijo. Cuando muere, todo se acaba”, relató, dejando claro que la muerte de Azcárraga Milmo marcó un antes y un después en su relación con la televisora. Según cuenta, a partir de ese momento comenzaron las decepciones y el distanciamiento.

El actor fue más allá y cuestionó directamente la capacidad empresarial de Azcárraga Jean:
“Cuando el hijo empieza a funcionar, te das cuenta de que no heredó ni el tres por ciento de la capacidad, de la inteligencia empresarial y del carisma de su padre”, afirmó. Con esta frase, Adame resumió su percepción de un liderazgo que, a su juicio, no solo es débil, sino también distante del modelo que llevó a Televisa a su apogeo.

Uno de los puntos que más resaltó en su intervención fue la prioridad que, según él, Azcárraga Jean dio al fútbol y en particular al Club América por encima de la televisora:
“Para él, lo único importante eran el América y el Estadio Azteca. Televisa pasó a segundo plano”, sentenció. Con ello, Adame sugiere que la estrategia del empresario se centró más en el negocio deportivo —especialmente en la Liga MX y la proyección del América— que en fortalecer los contenidos y la estructura de la empresa de medios.

El conductor también apuntó que, desde su perspectiva, dentro de la familia Azcárraga había otra figura con mayor perfil para asumir el mando corporativo: su hermana, Ariadna Azcárraga.
“Quien realmente debía tomar las riendas de la empresa era su hermana Ariadna Azcárraga, pero vivimos en una sociedad profundamente machista y nunca la consideraron para el puesto”, comentó. Con esta declaración, Adame no solo critica la elección sucesoria, sino que pone sobre la mesa un tema de género y poder en las altas esferas empresariales mexicanas.

Estas palabras se insertan en un contexto en el que el papel de Televisa en el fútbol mexicano sigue siendo determinante. Históricamente, la televisora ha tenido un peso decisivo en la Liga MX, en la comercialización de derechos, calendarios y exposición mediática, y el América ha sido su principal estandarte deportivo. Las críticas de Adame apuntan precisamente a esa relación simbiótica, pero desde un ángulo en el que el entretenimiento televisivo habría quedado relegado.

La mención de la importancia del América no es casual. El club es uno de los equipos más poderosos y mediáticos del país, y su relación con Televisa ha marcado generaciones. Para muchos, potenciar al América ha sido una estrategia lógica de negocio. Para Adame, en cambio, esa prioridad habría significado descuidar otras áreas clave de la empresa, especialmente en una época de cambios profundos en la industria del entretenimiento, la llegada de nuevas plataformas y la competencia del contenido digital.

Desde la óptica del actor, la transición de liderazgo entre padre e hijo coincidió con un momento crucial para la televisión abierta: el auge de las plataformas de streaming, la fragmentación de audiencias y la necesidad de renovar formatos. En ese escenario, Adame insinúa que la falta de visión y carisma de Azcárraga Jean habría afectado la capacidad de Televisa para adaptarse con la misma fuerza con la que dominaba la pantalla en décadas pasadas.

Las declaraciones de Adame también pueden leerse como la voz de una generación de figuras televisivas que vivieron el esplendor de la “época dorada” de la empresa, con producciones masivas, telenovelas de gran presupuesto y programas de alto rating. Para muchos de ellos, la era de Emilio padre representa estabilidad, poder e influencia, mientras que la etapa actual se percibe como la de un gigante obligado a reestructurarse y reinventarse para no perder terreno.

Al señalar que su ruptura con Televisa se dio “después de una serie de situaciones que lo fueron decepcionando”, Adame deja implícito que, más allá de un conflicto puntual, hubo un desgaste progresivo. Esto puede involucrar decisiones editoriales, cambios en la forma de trabajar con talentos, reorganizaciones internas o incluso diferencias ideológicas con la nueva cúpula directiva. Aunque no entra en detalles minuciosos, su testimonio sugiere un clima poco favorable para quienes se identificaban con la antigua forma de manejar la compañía.

El énfasis en que Ariadna Azcárraga debió estar al mando revela otro ángulo interesante: la idea de una sucesión no solo basada en el apellido, sino en capacidades concretas. Al introducir el factor del machismo estructural, Adame apunta a una crítica más amplia del ecosistema empresarial mexicano, donde las mujeres siguen enfrentando barreras para ocupar los cargos máximos, incluso cuando forman parte de las familias propietarias de los conglomerados.

En cuanto al impacto deportivo, poner al América y al Estadio Azteca en el centro de la operación tiene una lógica financiera: patrocinios, derechos de transmisión, taquilla, venta de productos oficiales y presencia internacional. Sin embargo, la lectura de Adame sugiere que el equilibrio entre negocio deportivo y proyecto televisivo pudo haberse roto, con repercusiones en la calidad, diversidad y creatividad de la oferta de contenidos. Para él, el fútbol se convirtió en el eje, y la televisión, en un complemento.

No es la primera vez que figuras públicas del espectáculo expresan inconformidad con la nueva etapa de Televisa, pero Adame destaca por el nivel de dureza en sus comentarios. Al afirmar que Azcárraga Jean “no heredó ni el tres por ciento” de las capacidades de su padre, marca una línea divisoria tajante entre dos épocas. En su narrativa, el antes se asocia con liderazgo fuerte y visión empresarial, mientras que el después se vincula con decisiones erradas y prioridades “mal colocadas”.

De fondo, el caso también abre la discusión sobre cómo los grandes grupos mediáticos deben adaptarse a un entorno en el que el consumidor tiene más opciones que nunca. La televisión abierta ya no es la única ventana, y la apuesta por el deporte, aunque rentable, no necesariamente garantiza relevancia cultural a largo plazo si no va acompañada de innovación en formatos, narrativas y plataformas.

En cualquier caso, las palabras de Alfredo Adame vuelven a poner bajo la lupa la figura de Emilio Azcárraga Jean y su huella al frente de Televisa. Más allá de la controversia y el tono incendiario del actor, sus críticas tocan temas delicados: la sucesión en las grandes empresas familiares, el peso del fútbol en la estrategia de medios, el rol de las mujeres en la alta dirección y la transición de un modelo tradicional de televisión hacia un ecosistema digital mucho más competido.

Mientras el América continúa siendo protagonista en la Liga MX y el Estadio Azteca se mantiene como un símbolo del fútbol mexicano de cara a futuros torneos internacionales, la discusión sobre el rumbo de Televisa y el legado de la familia Azcárraga seguirá abierta. Las declaraciones de Adame son, al final, una pieza más en un debate que combina deporte, negocios, poder mediático y transformación cultural en México.