Miguel Herrera cuestiona la falta de oportunidades para los técnicos mexicanos en la Liga MX
Miguel «Piojo» Herrera volvió al futbol mexicano después de no conseguir que Costa Rica clasificara al Mundial de 2026. Ahora dirige al Atlante, que atraviesa un Apertura 2026 complicado: tras 11 jornadas, los Potros ocupan el puesto 16, lejos de los lugares de Liguilla.
El entrenador considera que la situación de su equipo no es el único asunto que merece atención. Herrera puso el foco en la escasa presencia de estrategas mexicanos en la Liga MX: apenas seis dirigen clubes de Primera División, alrededor de un tercio de los puestos disponibles. Una cifra que no se registraba desde 2024.
En una intervención en el programa televisivo *La Última Palabra*, el técnico planteó una pregunta directa: qué posibilidades tienen los entrenadores nacionales de consolidarse si no reciben oportunidades con condiciones similares a las de sus colegas extranjeros.
Como ejemplo, mencionó a Nicolás Larcamón. Herrera señaló que el argentino sí encontró espacio para dirigir en México y sostuvo que también debería valorarse a técnicos mexicanos que muestran buenos resultados, aunque todavía no tengan una trayectoria reconocida o un nombre destacado.
El «Piojo» se refirió asimismo al trabajo de Gerardo Espinoza al frente de Puebla. A su juicio, el rendimiento del equipo merece consideración y demuestra que un entrenador puede realizar una buena campaña sin contar previamente con gran notoriedad. La nacionalidad, sugirió, no debería ser un obstáculo para acceder a un proyecto de Primera División.
Herrera también cuestionó que, con frecuencia, a los técnicos mexicanos se les ofrezcan únicamente encargos interinos. En esos casos, deben demostrar su valía en un periodo limitado y con la posibilidad de perder el puesto casi de inmediato, una situación que el entrenador no considera una oportunidad estable.
Para ilustrar su argumento, aludió a Joel Huiqui y a las condiciones que, según explicó, se le plantearon en Cruz Azul: si no conquistaba el título, dejaría el cargo, incluso si llegaba a disputar la final. Herrera preguntó si puede hablarse de una oportunidad auténtica cuando el futuro del entrenador depende de ganar un campeonato en un plazo tan corto.
El técnico recordó además que Huiqui logró ser campeón en su primer torneo, pero aun así su trabajo empezó a ser objeto de cuestionamientos. Para Herrera, este tipo de reacción evidencia la presión y las exigencias que enfrentan los estrategas nacionales incluso cuando obtienen resultados positivos.
La discusión no se limita a cuántos mexicanos aparecen en los banquillos. También importa qué respaldo reciben, cuánto tiempo se les concede para desarrollar una idea y si pueden construir un proyecto más allá de una racha de resultados. Sin esas condiciones, contar con una oportunidad puede convertirse en una prueba de supervivencia.
La comparación entre entrenadores tampoco debería basarse únicamente en su pasaporte. La experiencia, la lectura táctica, la gestión del vestuario y la capacidad de mejorar el rendimiento de una plantilla son criterios que pueden aplicarse de forma equitativa, tanto a técnicos mexicanos como extranjeros.
El caso de los interinatos plantea otra dificultad: un entrenador que asume el puesto con la obligación inmediata de ser campeón dispone de poco margen para corregir problemas o implementar cambios. Un contrato con objetivos claros y plazos razonables permitiría evaluar su labor con mayor perspectiva.
Herrera, quien también dirigió a la Selección Mexicana en el Mundial de Brasil 2014, sostiene que hay técnicos nacionales preparados para competir en la máxima categoría. Su planteamiento apunta a que los clubes amplíen la confianza y no reserven las oportunidades para perfiles con fama previa.
Mientras Atlante busca mejorar su posición en el Apertura 2026, las palabras de su entrenador reavivan una cuestión recurrente en el futbol mexicano: si los técnicos nacionales reciben posibilidades reales de afianzarse o si deben demostrar más que sus competidores para conservar el puesto.
