Escuché a los jugadores: joel huiqui guía a cruz azul al título y supera a larcamón

«Escuché a los jugadores»: la clave de Joel Huiqui para llevar a Cruz Azul al título y marcar distancia con Larcamón

El campeonato del Clausura 2026 significó mucho más que una estrella más para Cruz Azul. También marcó el inicio de una nueva etapa bajo el mando de Joel Huiqui, quien logró lo que Nicolás Larcamón no pudo: transformar un plantel con dudas en un equipo campeón, sin realizar una revolución radical, pero sí introduciendo un cambio de enfoque muy claro.

Según el propio Huiqui, la gran diferencia con su antecesor no estuvo en el pizarrón, sino en la forma de relacionarse con el vestidor. Su punto de partida fue simple y contundente: escuchar a los jugadores, entender cómo se sentían en el campo y ajustar el sistema a sus características, en lugar de forzarlos a un rol rígido.

El técnico mexicano explicó que su prioridad al llegar al banquillo celeste fue conocer a fondo la percepción de cada futbolista sobre la posición que ocupaba y las funciones que se le pedían. No se trataba solo de revisar videos o estadísticas, sino de abrir un canal de comunicación directo con el plantel:
«Lo que yo hice internamente era conocer un poco cómo sentía al jugador en la posición que estaba jugando», compartió.

Para Huiqui, el futbol moderno exige jugadores polivalentes, capaces de desempeñar más de una tarea dentro de la cancha. Pero esa versatilidad, afirma, solo se potencia cuando el futbolista entiende su rol y se siente cómodo con lo que debe hacer. Esa retroalimentación fue la base para construir un equipo más flexible, menos predecible y, sobre todo, más competitivo.

El entrenador combinó dos ingredientes que considera fundamentales: la experiencia acumulada como defensa durante su etapa profesional y la formación adquirida como estratega en los últimos años. A partir de ahí, redefinió las funciones de cada integrante del plantel. «Parte de la gestión que logramos hacer es conocer un poco la retroalimentación de lo que se vivió en el torneo y, desde mi experiencia como jugador y entrenador, saberlos poner en el lugar donde tienen que hacer una mejor función», explicó.

Ese ejercicio no solo implicó mover piezas de posición, sino también darles herramientas concretas para resolver situaciones distintas según el rival, la cancha y el momento del partido. Huiqui insiste en que el objetivo no era cambiar la esencia del equipo, sino permitir que cada jugador encontrara su mejor versión. El resultado fue un Cruz Azul más agresivo con la pelota, pero igualmente ordenado cuando tocaba replegarse.

Dentro de esa estructura, hubo nombres que se potenciaron notablemente, y uno de ellos fue Charly Rodríguez. El mediocampista, que vivió el trago amargo de quedarse fuera del Mundial 2026, encontró en Huiqui un respaldo total. El técnico contó que habló con él tras conocerse la lista final de la Copa del Mundo y fue claro al expresar que, a su juicio, Charly tenía méritos suficientes para haber sido convocado.

«Las cosas pasan por algo. Hablé un poco con Charly después de que no fue al Mundial. Me parece que él merecía ir, pero las cosas pasan por algo. Charly es un jugador que nos da mucho en el vestidor y en el campo», afirmó. Lejos de hundirse por la decepción, Rodríguez canalizó esa frustración en el torneo con Cruz Azul, convirtiéndose en una pieza intocable.

Huiqui detalló que el carácter ofensivo del equipo estuvo íntimamente ligado al rol que desempeñó Charly en la creación de juego. «El equipo fue muy ofensivo porque Charly estaba en esa operación dentro del campo para construir y atacar. Fue parte fundamental, pieza clave del campeonato», recalcó. Su influencia no se limitó a las asistencias o a la participación directa en goles: también asumió liderazgo, marcó ritmo y ayudó a ordenar las transiciones.

La gestión emocional de casos como el de Rodríguez refleja otra diferencia con la etapa anterior. El nuevo cuerpo técnico no solo se enfocó en la parte táctica, sino también en el estado anímico de los futbolistas. Para Huiqui, un jugador que se siente escuchado y respaldado rinde mejor, y ese enfoque se trasladó a todo el plantel. El mensaje era claro: cada integrante tenía un rol importante, más allá de si iniciaba como titular o entraba desde el banquillo.

Otro aspecto donde se notó la mano del entrenador fue en la adaptación del equipo a distintos contextos. Huiqui aseguró que Cruz Azul mantendrá la mentalidad de ir a ganar sin importar la sede, y destacó lo que vivieron en el torneo pasado: «La sensación parece diferente, sobre todo cuando le preguntas al jugador. Obviamente, el cambio de ciudad y los traslados de una ciudad a otra es algo complejo, pero la capacidad que tuvo el equipo para adaptarse fue muy impresionante».

Jugar en plazas complicadas, con climas distintos y presiones variables, fue una prueba constante para el grupo. Sin embargo, el cuerpo técnico trabajó para que el equipo no dependiera exclusivamente de la localía. La intención fue construir una identidad reconocible: un Cruz Azul que buscara el arco rival, pero sin perder equilibrio. Eso permitió que, jornada a jornada, el conjunto cementero se mostrara competitivo en prácticamente todos los escenarios.

En cuanto a la planificación de la plantilla, Huiqui también dejó ver una postura mesurada. Ante la baja de Amaury Morales, lejos de reclamar de inmediato un refuerzo, el entrenador subrayó la confianza que tiene en el resto del grupo, especialmente en los futbolistas que pueden desempeñarse por las bandas. Mencionó específicamente a José Paradela, Carlos Rotondi, Luka Romero y Andrés Montaño como variantes capaces de ofrecer amplitud y profundidad.

«La opción de un refuerzo por afuera no estaría mal, pero hoy, con el plantel que tenemos, creo que podemos implementar cualquier sistema», sentenció. Esta frase describe bien el momento que vive Cruz Azul: un equipo que, gracias al trabajo interno, se percibe con la capacidad de modificar su esquema según el rival sin perder su esencia. La polivalencia, que al inicio fue una necesidad, se ha convertido en una fortaleza.

Comparado con la etapa de Larcamón, donde por momentos se percibía a varios jugadores incómodos o fuera de su mejor zona, la versión de Huiqui luce más pragmática. No se trata de descalificar el trabajo previo, sino de subrayar que el nuevo técnico priorizó ajustar su idea al plantel disponible, en lugar de exigir que el plantel se adaptara por completo a una idea fija. En términos simples: menos rigidez táctica, más lectura de las necesidades del grupo.

Esa diferencia de enfoque también se ve en la forma de gestionar el vestidor. Huiqui ha insistido en mantener un diálogo permanente con los líderes del plantel, escuchar sus percepciones antes y después de los partidos y tomar en cuenta sus sensaciones para afinar detalles. No significa que los futbolistas decidan las alineaciones, sino que sus opiniones sirven como insumo para la toma de decisiones. La autoridad del técnico se combina con la participación activa del jugador.

De cara al Apertura 2026, el reto ya no es sorprender, sino ratificar. Con un título reciente y un proyecto en consolidación, el propio Huiqui reconoce que el listón está más alto. El resto de equipos de la Liga MX ya identificó las virtudes de este Cruz Azul y tratará de bloquear sus circuitos de juego. Por ello, el trabajo del cuerpo técnico se centrará en seguir evolucionando el modelo: nuevas variantes ofensivas, ajustes en presión alta y alternativas para los momentos en que el rival ceda la iniciativa.

Además, la defensa del título exigirá una gestión inteligente de cargas físicas y mentales. El calendario será exigente, con viajes, partidos decisivos y la presión constante de mantenerse en la parte alta de la tabla. Huiqui tiene claro que la profundidad del plantel será clave, y por eso insiste en que todos deben estar listos para responder, desde los habituales titulares hasta los jóvenes que buscan consolidarse.

Otro punto en el que el entrenador quiere seguir profundizando es en la mentalidad competitiva. El campeonato del Clausura 2026 demostró que Cruz Azul puede sobreponerse a golpes duros, como la ausencia de algunos jugadores en momentos clave o las polémicas externas. Ahora, el mensaje hacia el grupo apunta a que no pueden conformarse: la corona no es un punto final, sino el inicio de una etapa en la que el club debe instalarse de manera permanente entre los principales candidatos.

El vínculo entre afición, plantel y cuerpo técnico también ha sido un eje de este proceso. Si bien Huiqui prefiere centrar el discurso en lo que pasa dentro de la cancha, sabe que el apoyo en las gradas y la presión histórica que acompaña a Cruz Azul forman parte del contexto cotidiano. La diferencia, señala, es que hoy el equipo se siente más preparado emocionalmente para convivir con esas expectativas, usar esa presión como combustible y no como carga.

En resumen, el camino al título y el proyecto que se abre para el Apertura 2026 se explican, en gran medida, por una idea sencilla pero poderosa: escuchar. Escuchar al jugador sobre su posición, su rol, su sentir. Escuchar al vestidor sobre qué funcionó y qué no en el torneo anterior. Escuchar incluso los silencios, esos que delatan frustraciones o inconformidades. A partir de esa escucha activa, Joel Huiqui ha construido un Cruz Azul más humano, más cercano y, sobre todo, campeón.

Con un trofeo ya en las vitrinas y la convicción de que el grupo puede seguir creciendo, el técnico mexicano afronta el siguiente torneo con una misión clara: defender la corona, mantener al equipo en los primeros planos de la Liga MX y demostrar que aquel cambio respecto a Larcamón no fue solo un ajuste coyuntural, sino el inicio de una nueva forma de entender y gestionar al Cruz Azul.