Tras el Mundial 2026, Luis Romo se refugia en una pasión muy particular en Nueva Jersey
Luis Romo vive días de contraste. Hace apenas unas semanas era uno de los nombres más repetidos alrededor de la Selección Mexicana en la Copa del Mundo 2026, y hoy aprovecha sus vacaciones en Estados Unidos para desconectarse del ruido del futbol… a través de una afición que sorprende a muchos: las cartas coleccionables de Pokémon.
El mediocampista de las Chivas disfruta de un merecido descanso en Nueva Jersey después de la dolorosa eliminación del Tricolor ante Inglaterra en la fase de eliminación directa del torneo. A pesar del desenlace, Romo firmó una actuación sólida bajo las órdenes de Javier Aguirre, ganándose la titularidad a partir del segundo partido de la fase de grupos.
Su momento clave llegó en el duelo frente a Corea del Sur, cuando el centrocampista se hizo dueño de la media cancha y marcó el gol del triunfo, tanto que no solo dio los tres puntos, sino que aseguró el liderato del Grupo A para México. Ese tanto lo consolidó como uno de los hombres de confianza del «Vasco» durante el Mundial, reforzando su imagen de jugador fiable en los escenarios de mayor presión.
Tras la eliminación frente a Inglaterra, las cámaras captaron a un Romo visiblemente tocado en lo anímico. El golpe deportivo fue fuerte, pero el jugador ha optado por cambiar de entorno para limpiar la mente antes de integrarse de nuevo a la disciplina del Guadalajara para el Apertura 2026. Y ha elegido hacerlo sumergiéndose en un mundo muy diferente al de la cancha.
En los últimos días, el mediocampista ha sido visto en Nueva Jersey disfrutando de una de sus grandes pasiones fuera del futbol: el coleccionismo de cartas de Pokémon. En videos que circulan en redes, se le observa abriendo sobres con evidente ilusión, reaccionando con euforia cada vez que aparece una carta especial o de edición limitada, muy buscada por los coleccionistas.
Lejos de ser un pasatiempo casual, el universo de las cartas Pokémon se ha convertido en un fenómeno global en los últimos años. Las cartas forman parte del Juego de Cartas Coleccionables Pokémon, un juego de estrategia en el que dos jugadores se enfrentan con mazos configurados con sumo cuidado. Cada carta puede representar a un Pokémon, un objeto, un entrenador o una carta de energía, y cada tipo cumple un rol específico para construir una estrategia ganadora.
Detrás de cada sobre hay expectativas: encontrar una carta rara, una versión holográfica o una edición especial que, además de su valor sentimental, puede alcanzar precios elevados en el mercado. En las grabaciones, Romo encarna precisamente esa emoción de los coleccionistas: la mezcla de nostalgia, adrenalina y sorpresa que provoca cada apertura.
No es casual que un futbolista de alto rendimiento se incline por este tipo de hobby. El coleccionismo de cartas implica paciencia, análisis, conocimiento del mercado, memoria visual y capacidad de esperar el momento adecuado para intercambiar o conservar una pieza. Son cualidades que, en muchos sentidos, dialogan con lo que Romo hace dentro de la cancha: leer el juego, anticipar jugadas, administrar esfuerzos y tomar decisiones calculadas bajo presión.
Además, este tipo de afición le permite desconectarse mentalmente del entorno competitivo que rodea al futbol profesional. Tras un Mundial intenso, con viajes, concentraciones, críticas y expectativas, pasar unas horas centrado en cartas, ilustraciones y estrategias de un juego de mesa se convierte en una vía de escape, una forma de equilibrar la balanza entre la exigencia deportiva y la estabilidad emocional.
Para un jugador que acaba de vivir una montaña rusa de emociones -del heroísmo ante Corea del Sur a la frustración contra Inglaterra- encontrar refugio en una pasión tan distinta al balón ayuda a recomponer el ánimo. En vez de quedarse pegado a los resúmenes del Mundial o a los debates sobre lo que salió mal, Romo se enfoca en una actividad que no lo juzga por un resultado, sino que lo invita a disfrutar del momento.
Este equilibrio entre vida profesional y vida personal es cada vez más valorado en el futbol moderno. Los jugadores entienden que contar con hobbies sanos fuera del deporte les ayuda a alargar su carrera, a reducir el estrés y a mantener la cabeza despejada. En el caso de Romo, su faceta como coleccionista de Pokémon añade una dimensión distinta a su imagen pública: deja de ser solo el mediocampista aguerrido y tácticamente disciplinado, para mostrarse también como un apasionado de la cultura pop y del juego estratégico.
Mientras disfruta de Nueva Jersey y continúa alimentando su colección, el mediocampista no pierde de vista lo que viene con las Chivas. El Apertura 2026 se presenta como una oportunidad para consolidar lo construido en el Clausura pasado, cuando el Rebaño dejó buenas sensaciones, compitiendo con un plantel de alta calidad y perfilándose como serio aspirante al título. En ese escenario, Romo se ha convertido en pieza clave para el proyecto encabezado por Gabriel Milito.
En el esquema del técnico argentino, el mexicano funciona como ancla en el mediocampo: equilibra al equipo, recupera balones, conecta con la defensa y lanza a los jugadores ofensivos. Su experiencia internacional y su reciente participación mundialista pueden ser un plus importante dentro del vestuario, no solo en lo deportivo, sino también en lo anímico y en la jerarquía.
El desafío inmediato para Romo y Chivas está claramente marcado en el calendario. El debut en la Liga MX será ante el Toluca de Antonio Mohamed, en el Estadio Akron, el sábado 18 de julio de 2026 a las 19:07 horas, tiempo del centro de México. Un duelo de alto voltaje para abrir el telón del torneo, frente a un rival que suele proponer partidos intensos y ofensivos.
El rendimiento del mediocampista en ese arranque de campaña será un termómetro de cómo le sentó el parón veraniego. Un descanso bien aprovechado, con tiempo para la familia, para viajar y para dedicar horas a su pasión por las cartas, puede traducirse en claridad mental y piernas frescas al momento de saltar a la cancha. Si Romo llega con la misma determinación que mostró ante Corea del Sur, Chivas tendrá en él un motor confiable en el corazón del campo.
También se abre un capítulo interesante para la afición rojiblanca: ver cómo se integra el Romo «mundialista» al día a día de la Liga MX. Haber disputado una Copa del Mundo suele transformar a los futbolistas; los enfrenta a ritmos más altos, a decisiones más rápidas y a marcajes más exigentes. Llevar esa experiencia al torneo local puede marcar la diferencia en partidos cerrados, donde el detalle táctico decide.
A mediano plazo, el rol de Luis Romo en el Apertura 2026 podría ir más allá de lo que haga dentro del rectángulo verde. Su carisma y sus intereses fuera del futbol, como el coleccionismo de Pokémon, lo colocan como un posible referente para nuevas generaciones de aficionados que se identifican tanto con el deporte como con la cultura del entretenimiento y los juegos de estrategia.
En ese cruce entre pasión por el balón y gusto por las cartas, Romo muestra que un profesional de élite también puede tener espacios para cultivar aficiones aparentemente «frikis», pero profundamente humanas. Mientras las cámaras lo seguirán en el césped del Estadio Akron y en las canchas de la Liga MX, hay otro Luis que celebra, con la misma emoción, cada vez que una carta especial aparece al abrir un sobre en alguna tienda de Nueva Jersey.
Cuando el silbatazo inicial del Apertura 2026 marque el final de sus vacaciones, quedará atrás el recuerdo inmediato de la eliminación mundialista, pero permanecerá la huella de un verano distinto: uno en el que Luis Romo combinó la máxima exigencia del futbol con el disfrute sencillo de una afición de infancia, recargando la mente para volver a ser el pilar que Chivas necesita en su búsqueda del título.