Las condiciones de Marcelo Bielsa para dirigir a México: por qué el «Loco» nunca llegó al Tri pese al fracaso en Catar
La reciente eliminación de Uruguay en la Copa Mundial de la FIFA 2026 volvió a poner el nombre de Marcelo Bielsa en el centro del debate en México. El técnico argentino, hoy señalado por el tropiezo charrúa, estuvo muy cerca de convertirse en seleccionador nacional tras el desastre del Tri en Catar 2022. Sin embargo, una serie de exigencias deportivas y estructurales que planteó a la Federación Mexicana de Futbol terminaron alejándolo del banquillo azteca.
El tropiezo de Bielsa con Uruguay en 2026
Uruguay cayó 0-1 ante España en el Estadio Guadalajara, conocido popularmente como Estadio Akron, y quedó fuera en la Fase de Grupos del Mundial 2026. El equipo de Bielsa cerró su participación con solo dos puntos, en la tercera posición de su sector, por detrás de la Roja y de la sorprendente selección de Cabo Verde.
Los charrúas únicamente pudieron ubicarse por encima de Arabia Saudita, y eso solo gracias a la diferencia de goles. Para un entrenador con el prestigio y el historial del argentino, este resultado ha sido catalogado como uno de los mayores fracasos de su carrera.
Este tropiezo contrasta con la imagen de Bielsa como técnico revolucionario, obsesivo y metódico, lo que alimenta el debate: si fracasó con Uruguay, ¿habría funcionado su proyecto en México?, ¿hubiera sido capaz de cambiar la historia reciente del Tri?
México, en un escenario opuesto: paso perfecto a dieciseisavos
Mientras Uruguay se despedía prematuramente del torneo, la Selección Mexicana vivía un presente diametralmente distinto. Bajo la dirección de Javier «Vasco» Aguirre, el combinado nacional se clasificó a la fase de dieciseisavos de final con marca perfecta: tres victorias en tres partidos, nueve puntos de nueve posibles y ni un solo gol recibido en el Grupo A.
Ese desempeño le permitió al Tri instalarse en la siguiente ronda, donde tiene programado enfrentarse a Ecuador el martes 30 de junio en el histórico Estadio Ciudad de México, mejor conocido en todo el mundo como Estadio Azteca.
Este contexto exitoso resalta aún más la pregunta que lleva años rondando: ¿qué habría pasado si, en lugar de Aguirre, el elegido tras Catar 2022 hubiera sido Marcelo Bielsa?
El punto de quiebre: el fracaso en Catar 2022
Para entender por qué el nombre de Bielsa apareció con tanta fuerza en el radar mexicano, hay que regresar al Mundial de Catar 2022.
México rompió su famosa racha de avanzar a octavos de final y fue eliminado en la fase de grupos. El proyecto del también argentino Gerardo «Tata» Martino terminó abruptamente. Tras su destitución, la Federación Mexicana de Futbol se vio obligada a replantear por completo la estructura y el rumbo de la Selección Mayor.
En ese escenario, Marcelo Bielsa se convirtió en el principal candidato para tomar el puesto. Su perfil encajaba con lo que muchos consideraban necesario: un técnico de ideas claras, exigente, capaz de reformar desde la base y con experiencia en futbol de selecciones.
El casi acuerdo con Bielsa y el rol de Grupo Pachuca
De acuerdo con los reportes de aquel momento, Bielsa había sido prácticamente convencido para asumir el cargo gracias a la intervención de Jesús Martínez y del Grupo Pachuca, actores con influencia dentro del futbol mexicano y promotores de proyectos a largo plazo.
Se manejó que el «Loco» veía con buenos ojos la posibilidad de trabajar en México, país que conoce desde hace décadas, y al que ha seguido de cerca por la cantidad de jugadores y entrenadores argentinos que han pasado por su liga.
Sin embargo, aunque el acercamiento fue real y el interés mutuo, el acuerdo se vino abajo cuando surgieron diferencias entre los propios directivos del futbol mexicano. La falta de unidad en la cúpula terminó inclinando la balanza hacia otra opción.
De Bielsa a Diego Cocca, y de Cocca a Jaime Lozano y el «Vasco»
Ante las discrepancias en la dirigencia, la Federación optó por un camino más «tradicional» en términos de control y estructura. El elegido para tomar el timón no fue Bielsa, sino Diego Cocca.
La etapa de Cocca, sin embargo, resultó breve. El proyecto no terminó de convencer, los resultados y el estilo de juego generaron dudas, y el técnico argentino fue sustituido por Jaime Lozano, quien había tenido buena imagen en procesos juveniles y en selecciones menores.
Con el tiempo, también Lozano dejó el cargo, y el destino llevó finalmente el banquillo a manos de Javier Aguirre. Paradójicamente, durante la época en que el Tri alcanzó un pleno de puntos en la fase de grupos del Mundial 2026, el hombre que pudo haber sido su técnico vivía uno de los momentos más amargos de su carrera con Uruguay.
¿Cuáles eran las exigencias de Bielsa a la Federación Mexicana?
Una de las partes menos conocidas de esta historia tiene que ver con las condiciones que Bielsa habría puesto sobre la mesa para aceptar el reto de dirigir a México. En su momento, este tema fue comentado por el analista Pepe Hanan en su espacio deportivo, donde se habló de una serie de puntos que el «Loco» consideraba indispensables para firmar.
Más allá de los detalles específicos, que se manejaron en distintos espacios de opinión, la línea general de esas peticiones encajaba con la filosofía que Bielsa ha mostrado a lo largo de su carrera:
– Proyectos de largo plazo más allá de un solo Mundial.
– Capacidad real de influir en la estructura de fuerzas básicas y selecciones juveniles.
– Condiciones de trabajo muy definidas en cuanto a logística, concentración y tiempos de preparación.
– Cierto margen de autonomía en la toma de decisiones deportivas, sin injerencias constantes de la dirigencia.
Es decir, Bielsa no solo buscaba ser el entrenador de la Selección Mayor, sino convertirse en una especie de arquitecto del proyecto deportivo en su conjunto. Ese nivel de exigencia, para un entorno donde los intereses deportivos, económicos, televisivos y políticos se cruzan de manera permanente, representaba un desafío enorme.
¿Por qué México no pudo (o no quiso) cumplir con esas condiciones?
La sensación que quedó tras aquellas negociaciones es que el futbol mexicano no estaba listo para ceder el nivel de control que Bielsa suele exigir.
El modelo que el argentino propone suele chocar con ciertas prácticas arraigadas:
– Calendarios saturados donde la prioridad no siempre es la Selección.
– Presiones por convocar a determinados jugadores o por no perjudicar demasiado a algunos clubes.
– Cambios frecuentes de proyecto ante cualquier tropiezo, sin continuidad real.
Para que Bielsa llegara, la Federación habría tenido que respaldarlo incluso en los momentos de crisis, aceptar decisiones impopulares y sostener un plan de trabajo que no siempre daría resultados inmediatos. Todo eso implicaba un cambio de cultura que, al menos en ese momento, los directivos no parecían dispuestos a asumir.
¿Habría fracasado Bielsa también con México?
La eliminación de Uruguay en la fase de grupos de 2026 alimenta la narrativa de quienes ven a Bielsa como un técnico sobrevalorado, más admirado por su discurso que por los títulos en sus vitrinas. Desde esa óptica, su no llegada a México se interpreta casi como un «golpe de suerte» para el Tri.
Sin embargo, hay otra lectura: Bielsa suele potenciar a las selecciones y clubes en los que trabaja, construyendo equipos intensos, valientes y con identidad muy marcada. Sus procesos, cuando se les permite madurar, han dejado huella en la formación de jugadores, en la cultura de trabajo y en la forma de competir.
La pregunta que nunca tendrá respuesta es si el entorno mexicano habría sido capaz de adaptarse a esa metodología y sostenerla a largo plazo. Porque el éxito de Bielsa depende tanto de él como del grado de compromiso de la estructura que lo respalda.
Lo que México perdió al no apostar por el «Loco»
Más allá de los resultados puntuales que pudiera haber conseguido, México dejó pasar la oportunidad de someterse a una especie de «terapia de choque» futbolística.
Con Bielsa, probablemente habría habido:
– Una revisión profunda de los procesos de formación de talento.
– Un análisis minucioso de por qué el Tri suele estancarse en determinadas fases de los torneos.
– Un intento serio de romper con la comodidad de la «zona de confort» que durante años se ha asociado al futbol mexicano.
No hay garantías de que todo eso hubiera derivado en semifinales mundialistas o en títulos, pero sí es probable que el sistema se hubiera visto obligado a hacerse preguntas incómodas y a modificar rutinas que llevan décadas repitiéndose.
El contraste simbólico: el Azteca y el Akron como escenarios
Resulta simbólico que, mientras México se prepara para un partido de vida o muerte ante Ecuador en el Estadio Azteca, Uruguay se haya despedido en el Estadio Akron. Dos inmuebles icónicos del futbol mexicano que, en esta historia, parecen funcionar como espejos.
En Guadalajara, Bielsa conoció uno de sus capítulos más grises al frente de una selección con historia ganadora como la uruguaya. En la Ciudad de México, el Tri de Aguirre vive un momento de solidez que, con justicia, despierta ilusión entre los aficionados.
Entre ambas realidades se cuela una historia que nunca fue: la de Marcelo Bielsa sentado en el banquillo del Azteca, tratando de transformar a fondo el futbol mexicano.
Una lección para el futuro del Tri
La novela de Bielsa y México deja varias enseñanzas para el futuro, tanto si algún día se retoma la idea de contratarlo, como si se apuesta por otro técnico con una filosofía similar:
– No basta con fichar a un entrenador «de renombre»; se necesita adaptar la estructura al proyecto.
– Si se quiere un cambio real, hay que aceptar condiciones que tocan intereses y zonas de poder.
– Los procesos de selecciones requieren paciencia, continuidad y una visión que vaya más allá del resultado inmediato.
En definitiva, Marcelo Bielsa no fue entrenador de la Selección Mexicana porque lo que él pedía implicaba una transformación profunda que la dirigencia, en su momento, no estuvo dispuesta a asumir. Hoy, con Uruguay fuera y México avanzando, la discusión vuelve a la mesa: ¿se perdió una oportunidad histórica o simplemente se evitó un nuevo fracaso? La respuesta, como casi todo en el futbol, seguirá dividida entre quienes creen en las revoluciones y quienes se inclinan por el camino conocido.
