«Está construyendo un proyecto»: el respaldo de Enrique Meza al México de Javier Aguirre
La goleada mexicana sobre Chequia no solo dio forma a una noche inolvidable en el Estadio Ciudad de México; también encendió el debate sobre el verdadero techo de la Selección dirigida por Javier Aguirre. El Tricolor cerró la fase de grupos del Mundial 2026 con una marca impecable: nueve puntos de nueve posibles, tres victorias consecutivas y la portería en cero. Un registro nunca antes visto para México en una Copa del Mundo y que ha cambiado por completo el tono de la conversación en torno al equipo.
En medio de esa efervescencia, la voz de Enrique Meza, exdirector técnico del combinado nacional, apareció para poner contexto y matices. Invitado al programa «Peloteando», junto a Majo Rojas, Gabriel Gerberoff y Ramón Barrenechea, el «Profe» analizó con calma este buen momento del Tricolor. Y, lejos de dejarse arrastrar por la euforia, se centró en un punto clave: lo importante no es solo ganar, sino cómo se está ganando.
Meza no ocultó su satisfacción por lo mostrado por la Selección Mexicana en la fase de grupos del Mundial. Señaló que, por primera vez en la historia, México termina esta etapa con puntaje perfecto y sin recibir un solo gol, algo que dimensiona el nivel de solidez y concentración que ha alcanzado el equipo bajo el mando de Aguirre. Para un país acostumbrado a sufrir cada partido de Copa del Mundo, este paso firme representa un cambio de paradigma.
El exentrenador insistió en que los resultados no pueden analizarse de manera aislada. Para él, lo relevante es que la Selección está compitiendo con orden, personalidad y una idea clara. Destacó la estructura defensiva, la disciplina táctica y la capacidad del equipo para controlar los encuentros desde la posesión del balón. México ya no depende de chispazos individuales o de la inspiración de una sola figura: hay una base colectiva que sostiene el rendimiento.
Uno de los puntos que más subrayó Meza fue la construcción del plantel. En su opinión, Javier Aguirre ha logrado un balance que pocas veces se había visto en el Tricolor: un grupo que mezcla futbolistas veteranos con oficio, jugadores en plena madurez futbolística y jóvenes con talento que se atreven a pedir la pelota en momentos importantes. Esa combinación, afirmó, no solo fortalece el presente, sino que abre una ventana de esperanza para el corto y mediano plazo.
A juicio del «Profe», esta mezcla se traduce en un vestidor con líderes naturales que marcan el camino y, a la vez, en piernas frescas que le dan intensidad al equipo. Los experimentados ayudan a manejar la presión y a no perder la calma en escenarios complicados; los jóvenes, por su parte, aportan atrevimiento, velocidad y esa dosis de irreverencia necesaria para competir sin complejos ante cualquier rival. El resultado es un equipo que no se encoge, que no especula y que mantiene la concentración hasta el final.
En este contexto, la irrupción de figuras como Gilberto Mora simboliza la nueva cara de la Selección. Meza lo elogió de forma especial, al destacar que el joven se comporta «como si tuviera 35 años» por su manera de interpretar el juego. No lo dijo solo por su calidad técnica, sino por su temple: Mora parece ajeno al ruido externo, toma decisiones correctas bajo presión y se muestra confiado en un escenario tan exigente como un Mundial. Para un país que reclama renovación constante, este tipo de apariciones son una bocanada de aire fresco.
Desde la pizarra, Enrique Meza se detuvo en el trabajo colectivo como la principal virtud del conjunto. Resaltó que la Selección ha entendido la importancia de no regalarle la pelota al rival, de sostener la posesión no de manera estéril, sino como herramienta para dominar los tiempos del partido. Según su análisis, México ya no corre siempre al mismo ritmo ni se precipita cuando el marcador no se abre rápido; sabe cuándo acelerar, cuándo hacer pausas para respirar y cuándo apostar por un pase largo para sorprender.
El exentrenador explicó que este manejo de los momentos es lo que distingue a un equipo maduro de otro que solo vive de la intensidad. Apuntó que el Tricolor ha aprendido a combinar en corto cuando es necesario, a juntar pases para desgastar al adversario y, al mismo tiempo, a reconocer esos instantes en los que conviene lanzar la pelota hacia el frente para aprovechar los espacios. Ese equilibrio entre paciencia y agresividad, dijo, se está viendo reflejado en partidos donde México controla tanto el juego como las emociones.
Entre los elementos que más valoró del trabajo de Aguirre, Meza remarcó la claridad del plan de juego. No se trata únicamente de alinear bien, sino de que cada jugador tenga muy claro qué debe hacer con y sin balón. Los recorridos defensivos, las coberturas, la presión tras pérdida y las salidas desde el fondo parecen estar bien ensayadas. Esta precisión reduce el margen de error y le permite a la Selección mostrar una versión más confiable, incluso en entornos tan exigentes como una Copa del Mundo.
Meza también se refirió al eterno péndulo emocional que suele rodear al futbol mexicano. Recordó que, históricamente, el entorno acostumbra a pasar de la ilusión desbordada a la crítica implacable en cuestión de días. Por eso, lanzó una advertencia: ni antes se era tan malo, ni ahora se debe creer que todo está resuelto. Su llamado fue a mantener el equilibrio, a valorar lo que se está haciendo bien, pero sin perder de vista que el torneo aún es largo y las pruebas más duras están por venir.
Esa idea lo llevó a resumir su lectura en una frase que utilizó como eje de su análisis: jugar bien, para él, significa no regalar la pelota. No se trata solo de tener mayor porcentaje de posesión, sino de usar el balón con inteligencia, protegerlo, hacerlo circular para desorganizar al rival y minimizar riesgos. En este Mundial, México está demostrando que puede hacerlo durante largos tramos del partido, algo que en otras ediciones se veía solo a ratos.
México, inevitablemente, ilusiona. Jugar en casa, con un estadio volcado, con una racha de victorias y sin goles en contra, alimenta el sueño de llegar más lejos de lo habitual. Pero Meza insistió en que la mirada debe estar puesta en el proceso más que en el resultado inmediato. Para él, lo que diferencia a este proyecto es que hay una identidad que comienza a consolidarse: un equipo que se reconoce en una misma idea de juego, que sabe a qué juega y que se siente cómodo bajo esa propuesta.
El trabajo de Javier Aguirre, en ese sentido, va más allá de esta Copa del Mundo. El exentrenador entiende que la verdadera transformación se ve cuando el estilo permanece, independientemente de los nombres y del contexto. Si este México logra sostener la mezcla generacional, mantener la disciplina táctica y seguir apostando por el balón como herramienta principal, el legado del proyecto podría ir mucho más allá del resultado final de este Mundial.
Otra dimensión que Meza dejó entrever, aunque sin dramatismo, es la responsabilidad de jugar un Mundial en territorio nacional. La presión es doble: se exige espectáculo y se exige resultado. Por eso, valoró que el equipo no se vea atenazado por el miedo a fallar. La atmósfera del Estadio Ciudad de México podría haber generado ansiedad descontrolada; sin embargo, el Tricolor ha respondido con serenidad, algo que atribuyó tanto al liderazgo de los veteranos como a la personalidad de los jóvenes.
En términos de proyección, el análisis de Meza también invita a pensar en lo que puede venir después del torneo. Un plantel que combina experiencia y juventud, que ya suma minutos de alta competencia en un Mundial y que ha aprendido a funcionar bajo una misma idea de juego, tiene la base ideal para convertirse en columna vertebral del futuro. La presencia de jugadores como Mora y otros talentos emergentes deja la sensación de que no se trata de una generación aislada, sino del inicio de una transición mejor planificada.
Por último, el «Profe» dejó claro que la clave estará en no romper el hilo del proyecto una vez que pase la euforia mundialista. Señaló que, si México quiere consolidarse entre las selecciones que compiten de forma habitual por instancias avanzadas, necesita continuidad en el modelo de juego, paciencia con los procesos y una apuesta sostenida por el desarrollo de futbolistas que entiendan esta nueva identidad. Solo así, lo que hoy se vive como un momento histórico podrá convertirse en una costumbre y no en una excepción.
Hoy, el México de Javier Aguirre combina resultados, solidez y una idea reconocible. Para Enrique Meza, eso es precisamente lo que define la construcción de un verdadero proyecto: un equipo que gana, sí, pero que además sabe quién es, cómo quiere jugar y hacia dónde se dirige. En una Copa del Mundo en casa, esa construcción puede llegar a ser tan valiosa como cualquier gol decisivo.
