Chicharito: el adiós silencioso que faitelson avala rumbo al mundial 2026

«Bien por él»: Faitelson avala el adiós silencioso de Chicharito y su salto a la TV rumbo al Mundial 2026

Javier «Chicharito» Hernández cerró su ciclo como futbolista profesional de una forma tan discreta como inesperada. Sin comunicado solemne, sin conferencia de prensa y, sobre todo, sin el clásico partido de homenaje que suele otorgarse a las grandes figuras, el máximo goleador en la historia de la Selección Mexicana ha comenzado una nueva etapa: será analista de televisión en Estados Unidos durante el Mundial 2026.

Lo más llamativo es que este adiós gris y silencioso ha recibido el visto bueno de uno de los críticos más duros del futbol mexicano: David Faitelson. El periodista, que a lo largo de su carrera ha exigido despedidas a la altura de las leyendas, esta vez se limitó a resumir el final de Chicharito con una frase corta, pero significativa: «Bien por él».

El hijo pródigo que volvió… y se fue por la puerta trasera

Chicharito vivió dos etapas muy distintas con las Chivas del Guadalajara. La primera, de 2006 a 2010, lo catapultó a Europa gracias a su instinto goleador. La segunda, ya en 2024-2025, representaba el regreso del «hijo pródigo» al club donde se formó, envuelto en una enorme expectativa mediática y emocional.

Durante sus pasos por el Rebaño Sagrado, Hernández acumuló 33 goles y 10 asistencias en 119 partidos oficiales, dejando huella como uno de los canteranos más exitosos que ha dado la institución. Su traspaso al Manchester United fue en su momento el sueño cumplido de Jorge Vergara: un delantero surgido en casa brillando en uno de los clubes más grandes del mundo.

A partir de ahí se construyó una carrera notable en el futbol europeo: Manchester United, Real Madrid, Bayer Leverkusen, West Ham y Sevilla conocieron sus celebraciones, su movilidad constante en el área y esa capacidad especial para aparecer en los momentos clave. Aunque algunas estancias fueron más breves o con menos protagonismo, su nombre quedó ligado para siempre al futbol del Viejo Continente.

El goleador histórico del Tri, sin fiesta de despedida

En la Selección Mexicana su legado es indiscutible: 52 goles con la camiseta del Tricolor, cifra que lo mantiene como el máximo anotador histórico del combinado nacional. Incluso hoy, la distancia con sus perseguidores sigue siendo considerable: Raúl Jiménez, uno de los más cercanos, suma 45 tantos pero atraviesa una etapa lejana a su mejor nivel con el Tri.

Y pese a esa trayectoria, el desenlace fue todo menos ideal. Chicharito se marchó de Chivas y del futbol profesional marcado por un error puntual: el penal fallado ante Cruz Azul en la Liguilla anterior, un momento que lo convirtió en el blanco perfecto de críticas y frustraciones. Aquella noche amarga, que para muchos simbolizó el final de su carrera, terminó por empujarlo hacia una salida silenciosa, sin ovaciones ni despedidas masivas.

Ese error desde los once pasos terminó siendo, injustamente, la imagen con la que un sector de la afición recuerda su último partido importante. En vez de un homenaje a su trayectoria, su cierre quedó asociado a la etiqueta de «culpable» por la eliminación del equipo tapatío.

De la cancha al micrófono: el nuevo rol de Chicharito rumbo a 2026

Lejos de buscar una revancha dentro del campo, Javier Hernández optó por cambiar de frente. Decidió encaminar su futuro hacia los medios de comunicación y sumarse como comentarista en inglés a una importante cadena estadounidense que cubrirá el Mundial 2026.

Sin discursos dramatizados ni ceremonias, el propio Chicharito dejó claro, con sus decisiones, que el capítulo como futbolista está cerrado. El hecho de que asuma un papel protagónico en la transmisión de la Copa del Mundo que se jugará en México, Estados Unidos y Canadá es, además, un guiño simbólico: seguirá vinculado al futbol de máximo nivel, pero desde otra trinchera.

Su perfil mediático, su facilidad para comunicarse y su larga experiencia en ligas de élite lo convierten en una figura ideal para la televisión internacional. Más allá de lo sentimental, se trata de una transición lógica: un jugador que entiende el negocio, el espectáculo y las narrativas que rodean al futbol moderno.

Faitelson, entre la crítica histórica y el «bien por él»

La postura de David Faitelson llamó la atención porque contrasta con muchas de sus opiniones anteriores. A lo largo de su trayectoria, el analista se ha quejado una y otra vez de que las figuras del futbol mexicano no reciben el homenaje que merecen. Ha insistido en que los grandes símbolos deben tener despedidas a la altura de su impacto.

Sin embargo, al hablar de Chicharito, su reacción fue breve y, en apariencia, conformista: «Bien por él». Más que una contradicción, su comentario puede interpretarse como un reconocimiento a la decisión personal de Hernández: cerrar el ciclo sin estridencias, sin exigencias hacia el club ni hacia la afición, y concentrarse en el siguiente proyecto profesional.

Al mismo tiempo, la frase deja entrever una realidad incómoda: el futbol mexicano rara vez sabe despedir a sus ídolos como corresponde. Faitelson ha señalado muchas veces esa carencia institucional; esta vez, en lugar de volver a cargar contra los clubes, pareció aceptar que Chicharito eligió no entrar en ese juego y marcharse a su manera.

Un viejo problema: México y su deuda con las leyendas

La forma en que salió Chicharito no es una excepción, sino parte de un patrón. En la historia reciente del futbol mexicano sobran ejemplos de futbolistas legendarios que se retiraron con homenajes discretos, organizados a última hora o poco acordes con su trayectoria.

Hugo Sánchez, cinco veces Pichichi en España y uno de los máximos referentes del balompié nacional, tuvo un homenaje relativamente modesto en Celaya y más adelante un acto con la Selección Mexicana en el Estadio Azteca. Para la dimensión internacional de su carrera, muchos consideran que fue un reconocimiento insuficiente.

Cuauhtémoc Blanco, otro ícono indiscutible, dijo adiós al Tri en un estadio alejado de los grandes reflectores: el Víctor Manuel Reyna, en Chiapas. Con el América recibió un partido oficial de despedida ya siendo gobernador, en una mezcla entre acto político y tributo deportivo que muchos vieron más como trámite que como una verdadera fiesta para el ídolo.

Homenajes forzados, tardíos o simbólicos

Otros casos refuerzan la idea de que en la Liga MX las despedidas solemnes no son una prioridad. A Luis Roberto Alves «Zague», histórico goleador del América, se le organizó un partido de homenaje ante el Barcelona en el Estadio Azteca. Sin embargo, más de un aficionado lo percibió como un evento armado «a la fuerza», sin la naturalidad ni la emotividad que se esperaría para un jugador de su jerarquía.

Jesús Corona, guardameta emblemático del futbol mexicano y referente de Cruz Azul, acabó su carrera profesional en Tijuana, en un torneo de Apertura reciente. A pesar de su larga trayectoria y de los títulos obtenidos, su despedida pasó casi desapercibida a nivel nacional, sin el ruido mediático que podría esperarse para un portero con su palmarés.

Un caso singular fue el de Salvador «Chava» Reyes, leyenda del Guadalajara. En 2008, a los 71 años, recibió un homenaje muy particular: jugó unos segundos con la camiseta de Chivas en partido oficial, como un símbolo del «Campeonísimo». Ese gesto fue emotivo y único, pero al mismo tiempo evidencia que en México los reconocimientos suelen ser más simbólicos que estructurados dentro de una cultura de despedidas.

Chicharito como espejo de la cultura futbolística mexicana

La manera en que se apagó la etapa de Chicharito en las canchas revela varias cosas a la vez. Por un lado, la falta de una política clara de los clubes para honrar a sus grandes referentes. Por otro, la poca paciencia de la afición, capaz de reducir una carrera de más de una década al recuerdo de un penal fallado.

También hay un factor generacional: a diferencia de futbolistas de épocas anteriores, Hernández ha mostrado un entendimiento distinto de su propia marca personal. Más que insistir en un homenaje formal, ha preferido dar continuidad a su presencia pública desde otras plataformas: redes sociales, transmisiones en vivo, proyectos de contenido y ahora la televisión internacional.

En cierto modo, su «retiro sin retiro» -sin el típico ritual- encaja con los tiempos actuales, donde muchas despedidas deportivas no ocurren en un solo día o en un solo partido, sino que se diluyen en múltiples apariciones mediáticas y colaboraciones comerciales.

¿Merecía Chicharito un adiós distinto?

A nivel deportivo y simbólico, pocos discuten que Javier Hernández hizo méritos para una despedida a estadio lleno, con ovación prolongada y un reconocimiento formal de la Selección Mexicana y de los clubes donde dejó huella. Su impacto en el Tri, su paso por grandes ligas y su papel como referente de una generación de aficionados lo colocan en la categoría de leyenda.

Sin embargo, la realidad es que su final estuvo condicionado por varios factores: lesiones, rendimiento irregular en su última etapa, polémicas extracancha y, sobre todo, la necesidad de resultados inmediatos en un entorno cada vez más impaciente. Todo eso contribuyó a que la narrativa se enfocara más en el momento de baja forma que en la magnitud de su trayectoria.

Es posible que, con el paso de los años, se revalore su figura y aparezcan homenajes tardíos, tanto en México como en algunos de los clubes donde jugó. Pero, al menos por ahora, su despedida oficial se ha trasladado del césped a la cabina de transmisión.

¿Qué puede aportar Chicharito como analista en 2026?

Su nuevo rol rumbo al Mundial 2026 abre otra discusión: ¿qué tipo de comentarista será Javier Hernández? Su experiencia en la élite europea le permite hablar con propiedad de vestidores pesados, entrenadores de clase mundial, presiones mediáticas extremas y procesos de selección nacional.

Además, vivió tres Copas del Mundo como jugador, con todo lo que implica en términos de preparación, tensión y expectativas. Puede ofrecer contexto de primera mano sobre cómo enfrenta un futbolista los partidos decisivos, los momentos de gloria y los errores que marcan carreras.

Su estilo, que combina informalidad con franqueza, encaja con los formatos actuales de transmisión: mesas de análisis más relajadas, interacción con la audiencia y contenido multiplataforma. Si logra traducir esa experiencia en comentarios claros, profundos y autocríticos, su segunda etapa en el futbol -ahora como analista- puede ser tan trascendente como la primera.

Un cierre silencioso, pero no menor

Aunque no hubo mariachis, mosaicos en la tribuna ni discursos lacrimógenos, el retiro de Chicharito marca el final de una era para el futbol mexicano. La frase de Faitelson -«Bien por él»- puede sonar escueta, pero refleja una realidad: más allá de lo que el entorno le negó, Hernández eligió cómo y cuándo dar vuelta a la página.

Tal vez el futbol mexicano quedó a deber en la forma del adiós. Pero el fondo de la historia permanece: el máximo goleador del Tri, el canterano que conquistó Europa y el ídolo que volvió a casa se marcha sin ruido, listo para narrar desde el micrófono las historias que antes protagonizaba en la cancha. Y, en un país que pocas veces sabe despedir a sus leyendas, esa decisión también es una forma de reivindicación personal.