«Inglaterra podría verse afectada»: crece la inquietud en Reino Unido por el retraso en el Estadio Azteca rumbo al Mundial 2026
El atraso en la modernización del Estadio Azteca, uno de los escenarios emblemáticos del próximo Mundial 2026, ha dejado de ser un tema exclusivamente mexicano para convertirse en motivo de análisis y alarma en el extranjero. En la prensa británica ha comenzado a aparecer con fuerza una pregunta central: ¿cómo impactaría a la selección de Inglaterra un posible contratiempo en la sede de la Ciudad de México?
A poco más de 100 días para el inicio de la Copa del Mundo, diversos medios del Reino Unido subrayan que el Coloso de Santa Úrsula continúa en plena remodelación, con grúas, andamiajes y zonas inutilizables, en lugar del estadio completamente listo que se esperaría a estas alturas del calendario. Esa imagen contrasta con los plazos marcados en un principio y alimenta la percepción de que se está llegando al límite del margen de maniobra.
El tema ya no se maneja solo en el terreno mediático. De acuerdo con los reportes, la situación ha escalado hasta los despachos de la FIFA. Documentos presentados por Grupo Ollamani ante la Bolsa Mexicana de Valores reconocen la existencia de un riesgo real: si los tiempos de obra no se cumplen o emergen todavía más costos y ajustes imprevistos, el organismo rector del futbol podría tomar la decisión de reubicar partidos relevantes a otras sedes mundialistas.
Ese escenario hipotético es precisamente el que enciende las alarmas en Inglaterra. La selección dirigida por Thomas Tuchel está encuadrada en el Grupo L, donde parte con la etiqueta clara de favorita frente a Croacia, Ghana y Panamá. El plan deportivo británico pasa por avanzar como primera de grupo, algo que se considera una obligación más que una aspiración, y así encaminarse sin tropiezos hacia las rondas de eliminación directa.
Según la proyección del calendario, si Inglaterra cumple los pronósticos y se clasifica como líder de su sector, disputaría un cruce de Octavos de Final en el Estadio Azteca. En ese escenario, el rival previsto sería la selección de México, siempre y cuando el combinado local también responda a las expectativas y haga valer su condición de anfitrión. Si México no llegara a esa instancia como está planeado, los ingleses se enfrentarían a uno de los mejores terceros de la fase de grupos.
Es precisamente este posible partido de Octavos de Final -con toda la carga histórica, simbólica y deportiva que tendría un México-Inglaterra en el Azteca- el que concentra la mayor parte de la preocupación mediática en el Reino Unido. La incertidumbre no se limita al césped: afecta a la planificación integral de la selección, desde la logística de viajes y hospedaje hasta la preparación física para competir en la altitud de la Ciudad de México.
Una eventual sanción de la FIFA a la Ciudad de México, que implicara quitarle algunos encuentros como sede, obligaría a reorganizar por completo la ruta de Inglaterra en la fase de eliminación directa. No solo se trataría de cambiar de estadio; también variarían la ciudad, la altura sobre el nivel del mar, las condiciones climáticas y, muy probablemente, el ambiente en las gradas. Todo ello en una ronda en la que cualquier mínimo detalle puede inclinar la balanza.
El Estadio de la Ciudad de México está programado para albergar cinco partidos durante la Copa del Mundo 2026, repartidos entre fase de grupos y encuentros de eliminación directa. Por eso, un posible reajuste no afectaría únicamente a una nación, sino a varias selecciones cuyas rutas pasan por la capital mexicana. Inglaterra, sin embargo, es una de las que podría verse directamente implicada en un cruce de vida o muerte en ese escenario.
Desde la óptica inglesa, el problema tiene varias capas. La primera es deportiva: el cuerpo técnico había contemplado la adaptación paulatina a la altura del Valle de México, que ronda los 2.200 metros sobre el nivel del mar. Eso exige planificar con antelación la llegada a la ciudad, el tipo de entrenamientos, la carga de trabajo y hasta la alimentación. Si el partido se moviera a una sede con distinta altitud o clima, buena parte de esa planificación tendría que rehacerse sobre la marcha.
La segunda capa es táctica y psicológica. Jugar en el Azteca contra México -en caso de que se cumpla esa combinación- significa hacerlo en uno de los ambientes más intensos del planeta, con un estadio histórico a reventar y una presión ambiental que suele influir en el desarrollo del juego. Un cambio de sede podría alterar ese factor: tal vez reduciría la ventaja anímica de México, pero también obligaría a Inglaterra a adaptarse a un entorno nuevo, posiblemente con otras dimensiones de campo, otro tipo de césped y distinta acústica.
La tercera dimensión es organizativa. Las federaciones planifican con meses de anticipación reservas de hoteles, centros de entrenamiento, rutas de traslado y dispositivos de seguridad. Cualquier modificación de sede en plena competición implica renegociar contratos, mover contingentes, ajustar horarios de recuperación y revisar todos los detalles que rodean un partido mundialista. Para un equipo que aspira a llegar lejos, como Inglaterra, minimizar el caos logístico es clave.
Los medios británicos también señalan el simbolismo del Azteca. Se trata de un estadio legendario donde se jugaron finales de Copa del Mundo y donde han brillado figuras icónicas. Para jugadores, cuerpo técnico y aficionados ingleses, disputar un partido de eliminación directa allí tiene un atractivo especial: es una especie de cita con la historia. Perder ese escenario por un retraso en las obras se percibe como una oportunidad robada de vivir una experiencia única.
Desde México, la situación se observa con otra perspectiva, pero el fondo del problema es el mismo: cumplir con los plazos. El estadio no solo debe estar terminado en tiempo y forma, sino también pasar todas las certificaciones de seguridad, accesibilidad, tecnología y confort exigidas para un torneo de esta magnitud. Cualquier inspección que detecte anomalías de última hora podría desencadenar decisiones drásticas de parte de la FIFA.
En paralelo, se discuten alternativas teóricas en caso de que el Azteca no llegue al 100 %. Se habla de otros estadios mundialistas en Norteamérica que podrían absorber parte de la carga de partidos, aunque esto supondría reconfigurar el calendario global de la competición. Un movimiento de tal calibre no solo complica la vida a Inglaterra, sino que obliga a reorganizar todo un puzle de sedes, horarios de televisión y desplazamientos de aficionados de distintos países.
Para la selección inglesa, el reto será mantener la calma y construir un plan con escenarios múltiples. El cuerpo técnico puede trabajar con distintas variables: qué hacer si se juega en la Ciudad de México, qué ajustes introducir si el partido se traslada a otra sede a menor altitud, cómo manejar los tiempos de viaje en cada caso y qué protocolos seguir para evitar que la incertidumbre afecte el rendimiento mental de la plantilla.
También se abre un debate sobre la gestión de riesgos en grandes eventos deportivos. ¿Hasta qué punto es prudente mantener en el calendario un estadio que aún no está concluido a poco más de tres meses de la inauguración? ¿Debe la FIFA ser más estricta con los plazos o, por el contrario, mostrar flexibilidad para preservar sedes históricas como el Azteca? Las respuestas a estas preguntas no solo condicionarán el Mundial 2026, sino también la organización de futuras Copas del Mundo.
Mientras tanto, en el terreno estrictamente futbolístico, Inglaterra intenta centrarse en lo que depende de sí misma: asegurar el primer puesto del Grupo L ante Croacia, Ghana y Panamá, llegar en buena forma física y consolidar un estilo de juego que le permita competir por el título más allá de dónde se disputen sus partidos. La consigna interna es clara: prepararse para ganar, sin importar el estadio, pero sin dejar de vigilar muy de cerca lo que ocurre en la Ciudad de México.
En suma, el retraso en la remodelación del Estadio Azteca ha dejado de ser un asunto local para convertirse en una variable que puede alterar el tablero del Mundial 2026. Inglaterra aparece como una de las selecciones potencialmente más afectadas, al tener proyectado un duelo crucial de Octavos de Final en ese recinto. Entre informes financieros, advertencias de FIFA y planes alternativos, la cuenta atrás sigue corriendo, y el reloj mundialista no se detiene.
