Por qué la mirada de un mentor es distinta a la de un simple entrenador

Cuando un mentor de fútbol se fija en un jugador joven, no está buscando al chico que hoy mete más goles, sino al que puede seguir mejorando durante 5, 8 o 10 años. Esa es la gran diferencia. Un entrenador de fin de semana quizá se queda con el que corre más o el que tiene más físico en sub-13; un buen mentor piensa en cómo se verá ese jugador a los 20, cuando tenga que competir por un contrato serio. Por eso, cuando hablamos de mentoría y coaching deportivo para jóvenes futbolistas, hablamos de una mirada más amplia: técnica, táctica, mental, de carácter y también de contexto familiar y educativo. No se trata solo de si sabe driblar, sino de cómo entrena cuando nadie lo ve, cómo reacciona al error y qué hace el día después de un mal partido.
Aspectos técnicos: lo que de verdad importa con un balón en los pies
En categorías de base se suele sobrevalorar el truco llamativo: la bicicleta, el caño, la chilena. Un mentor serio empieza al revés: primero control, pase y perfil corporal; luego el resto. En muchas academias de fútbol para jóvenes talentos ves a chicos con mil fintas pero que tardan un segundo de más en controlar un pase fuerte. Ese segundo, en sub-10, no se nota; en sub-17 ya te la roban; en profesional ni siquiera llegas a recibir. Por eso los mentores revisan detalles como la superficie de contacto que usa el jugador, si controla orientado o “mata” la pelota, si el primer toque ya le da una ventaja o lo deja encerrado contra la banda.
Bloque técnico: qué observo en los primeros 10 minutos
En las primeras tocadas de balón, un buen mentor analiza cosas muy concretas. Por ejemplo, porcentaje de controles orientados hacia espacio libre: un mínimo aceptable en un sub-15 de nivel alto suele estar en torno al 60–70 % de sus recepciones. También mira la precisión de pase a media distancia (15–25 metros); en entrenamientos de alto rendimiento, un centrocampista de 14–15 años debería rondar el 80 % de acierto sin presión y no bajar del 65 % con oposición ligera. Más que el gol espectacular, interesa la repetibilidad del gesto técnico: ¿su golpeo es estable o cada tiro le sale diferente? ¿Su conducción cambia mucho de calidad cuando se cansa? Eso indica si la base técnica está automatizada o no.
Ejemplo real de formación técnica bien enfocada

En un campus de fútbol de alto rendimiento para jóvenes en España, un lateral derecho de 13 años fue descartado inicialmente por varios ojeadores porque “no desbordaba”. Sin embargo, un mentor se fijó en que, de 30 pases en espacio reducido, solo falló 3, y que su primer toque casi siempre lo sacaba de la presión. En vez de pedirle que hiciera más regates, el plan fue mejorar su centro tenso y su cambio de orientación. Dos años después, sin ser el más vistoso, era titular en selección autonómica: el mismo jugador, pero con un desarrollo técnico orientado a su rol real, no al show de fin de semana.
Aspectos tácticos: entender el juego, no solo jugarlo
Tácticamente, un mentor mira algo que muchos padres ni notan desde la grada: las decisiones sin balón. Un joven puede estar 60–70 % del tiempo de partido sin tocar la pelota, y ahí se ve si realmente entiende el juego. La pregunta no es solo si “se mueve mucho”, sino si se mueve bien. En academias serias se cuantifican cosas como el número de desmarques útiles por partido, la cantidad de coberturas defensivas realizadas o las líneas de pase que ofrece. Un mediocentro sub-16 de buen nivel debería ser opción clara para el poseedor unas 25–30 veces por tiempo, no solo aparecer cuando le cae la pelota por casualidad.
Bloque táctico: qué decisiones cuenta un mentor
En un partido de 70 minutos de categorías inferiores, un mentor puede registrar mentalmente entre 80 y 100 decisiones relevantes de un jugador de campo. Se observa, por ejemplo, cuántas veces gira la cabeza antes de recibir (idealmente 2–3 escaneos en los últimos 3 segundos previos al pase), si respeta la altura del bloque del equipo o vive “fuera de sistema”, si entienda cuándo acelerar y cuándo pausar. En una sesión de vídeo con un chico de 15 años, suelo detener la jugada un segundo antes de que reciba y pregunto: “¿Qué opciones tienes ya vistas?”. El error táctico más común en jóvenes con talento técnico es jugar solo a reacción y no a anticipación.
Ejemplo real de crecimiento táctico
En un club de Segunda B, un extremo de 17 años subía desde el juvenil. Tenía velocidad y 1 vs 1, pero en el primer amistoso perdió 22 balones en 45 minutos. Un mentor analizó cada pérdida: 14 fueron por intentar el regate cuando el equipo necesitaba retener y esperar a que la línea defensiva saliera. La intervención no fue decirle “no dribles más”, sino enseñarle en qué zonas del campo sus riesgos eran aceptables (último tercio, banda, uno contra uno claro) y dónde debía priorizar la conservación. Tras seis semanas de trabajo táctico individual, bajó a 8 pérdidas por partido manteniendo su capacidad de desequilibrio.
Aspectos mentales: la diferencia entre talento y carrera
En los últimos años, muchos clubes han entendido que la cabeza decide más que el pie. No es casualidad que, según datos de varias canteras europeas, menos del 1 % de los chicos que entran en prebenjamín llegan a debutar en Primera. El filtro real no es solo la calidad: es la capacidad de sostener el esfuerzo, convivir con la presión, recuperarse del error y adaptarse a contextos nuevos. Un mentor de verdad no se limita a dar gritos motivacionales; observa cómo reacciona el jugador a un cambio de posición, a una suplencia o a una crítica directa. El lenguaje corporal después de un fallo suele decir más que las palabras en redes sociales.
Bloque mental: señales que un mentor no pasa por alto
En entrenamientos y partidos, hay indicadores muy claros. Por ejemplo, cuánto tarda el jugador en “volver” después de un error grave: ¿se esconde 10 minutos o al siguiente balón la pide igual? También se observa su capacidad de concentración: en test muy simples de atención sostenida, los chicos que luego llegan arriba suelen cometer entre un 20 y un 30 % menos errores que la media del grupo. Otro punto clave es la relación con el esfuerzo invisible: descanso, alimentación, estiramientos. Un mentor pregunta y contrasta: si un chico de 16 años entrena 4 veces por semana con el club pero luego pasa 6 horas diarias sentado con mala postura y duerme menos de 7 horas, la probabilidad de lesión y bajón de rendimiento se dispara.
Ejemplo real de trabajo mental en etapa sensible
En un programa de mentoría individual, un central de 16 años fue cortado de una preselección regional. Durante dos semanas, bajó claramente su intensidad: en GPS, sus metros de alta intensidad por sesión cayeron casi un 25 %. Más que regañarle, el mentor programó una charla muy concreta: repasar objetivos a 2–3 años, revisar vídeos de sus buenos partidos y diseñar un mini-plan de mejora de 4 semanas con métricas claras (duelos ganados, despejes, comunicación). No se trataba de “animarle”, sino de darle un mapa. A las seis semanas, sus números físicos y de duelos volvieron a los niveles previos, y un año después entró en otra visoria con mejor preparación mental.
Carácter y hábitos: lo que sostiene al jugador cuando nada sale bien
Hablar de carácter no es hablar de “gritar mucho” ni de hacer entradas fuertes. Para un mentor, el carácter se ve en la consistencia diaria y en la forma de asumir responsabilidad. En entrenamientos con grupos grandes, un detalle muy simple: ¿quién recoge balones sin que se lo pidan? ¿Quién escucha cuando se habla de un ejercicio aunque él ya lo conozca? ¿Quién se atreve a decir “fue culpa mía” sin excusas? Estas cosas parecen menores, pero cuando revisas el camino de jugadores que llegaron a profesional, casi siempre encuentras una línea de hábitos sólidos: puntualidad, disciplina con el descanso, humildad para aceptar correcciones y ambición para pedir más carga de trabajo cuando se sienten cómodos.
Bloque de carácter: indicadores prácticos en el día a día
En un entorno de academias de fútbol para jóvenes talentos que trabajan con 80–100 chicos por categoría, no hay tiempo para charlas profundas con todos cada día, así que los mentores usan observaciones rápidas. Por ejemplo, anotan quién llega sistemáticamente 10–15 minutos antes, quién trae su propia botella y cuida su material, quién mantiene la intensidad del calentamiento hasta el final y no se “esconde” detrás de los compañeros. En un registro de dos meses, es fácil ver patrones: el jugador que se salta estiramientos, el que se queja siempre cuando toca correr, el que reacciona mal a rotaciones. Un mentor no etiqueta a nadie por un mal día, pero sí presta mucha atención a lo que se repite.
Ejemplo real de cambio de hábitos
En un club latinoamericano, un delantero sub-17 con mucho gol estaba siempre en el límite de peso acordado. El talento era innegable, pero se cansaba antes que sus compañeros y sufría molestias musculares constantes. En lugar de solo “castigarle”, el mentor se reunió con la familia y con el nutricionista del club. Se definió un objetivo: bajar 2,5 kg de grasa en 8 semanas sin perder potencia. Se acordaron pequeñas rutinas: caminar 20 minutos los días sin entrenamiento, reducir bebidas azucaradas y adelantar la hora de dormir media hora. Con seguimiento semanal y feedback, cumplió el objetivo, mejoró sus tests de velocidad en 0,08 s en 20 metros y, sobre todo, entendió que el físico también es una decisión diaria, no solo genética.
El papel del contexto: entrenadores, familia y entorno de trabajo
Ningún mentor trabaja en el vacío. Un joven puede tener cualidades brillantes, pero si el entorno no acompaña, se complica todo. Aquí entran figuras como el entrenador personal de fútbol para niños y adolescentes, los coordinadores de cantera y, muy especialmente, la familia. Por ejemplo, un plan técnico-táctico muy bien diseñado se cae si los padres cambian de club cada seis meses buscando “más minutos” sin un criterio deportivo. También sucede lo contrario: contextos donde el club es caótico, cambia de entrenador cada temporada y el chaval necesita una voz estable que le ayude a interpretar los cambios sin hundirse.
Bloque de entorno: cómo detectar si el contexto suma o resta
Un mentor suele hacerse preguntas más allá del césped. Por ejemplo: ¿el chico puede compaginar estudios y entrenamientos sin ir permanentemente al límite? ¿El trayecto al campo le supone dos horas diarias de transporte agotador? ¿En casa se respeta la hora de sueño previa a partidos importantes? En algunos campus de fútbol de alto rendimiento para jóvenes, se recogen datos muy concretos: número de horas de sueño promedio, tiempo en pantallas después de cenar, frecuencia de desayunos completos antes del colegio. No se trata de invadir la vida del jugador, sino de ver si el entorno facilita o boicotea, sin querer, su rendimiento.
Mentoría individual: cuando el jugador ya va un paso por delante
Hay momentos en los que el chico o la chica empieza a destacar claramente dentro de su grupo. Ahí cobra especial sentido un programa personalizado, más allá de los entrenamientos colectivos. No hablo solo de más físico o más técnica, sino de un plan global: objetivos por trimestre, revisión de partidos grabados, pautas de recuperación y, muy importante, acompañamiento emocional. En este punto encaja muy bien la figura del mentor o del coach especializado, que complementa el trabajo de club y familia sin sustituirlos. La idea es ayudar al jugador a tomar mejores decisiones y a entender qué depende de él y qué no.
Ejemplo de mentoría con un jugador en etapa de decisiones
Imaginemos un mediocentro de 15 años que recibe oferta de dos clubes fuertes de la región. En lugar de elegir solo por el nombre grande o la camiseta bonita, un mentor le ayuda a evaluar datos objetivos: número de entrenamientos semanales, minutos promedio que dan a los sub-16 en categorías superiores, calidad de los entrenadores de su posición, distancia a casa, compatibilidad con sus estudios. Se revisan también sus prioridades personales: ¿prefiere tener mucho balón aunque el equipo no luche por títulos, o integrarse en un entorno más competitivo donde quizá tarde más en ser protagonista? Esa conversación, bien guiada, puede evitar decisiones impulsivas que luego cuestan años recuperar.
Pruebas, visorias y el salto al siguiente nivel
Tarde o temprano llega la pregunta inevitable: cómo ser futbolista profesional pruebas y visorias, qué hay que mostrar esos días clave. Aquí es donde muchos se equivocan intentando “hacer todo” en un solo entrenamiento: regatear a todos, tirar desde cualquier sitio, hacer entradas a destiempo para “demostrar carácter”. Un mentor con experiencia enseña otra lógica: las pruebas no son un concurso de trucos, son una radiografía rápida de tu potencial y tu capacidad de integrarte en un modelo de juego. Los ojeadores miran si entiendes tu posición, si respetas las consignas tácticas dadas el primer día, si tu lenguaje corporal transmite seguridad y si sostienes la intensidad desde el minuto 1 al 90.
Bloque práctico: cómo encarar una prueba con cabeza
A nivel práctico, un buen enfoque para una visoria incluye detalles muy concretos. Llegar al menos 30–40 minutos antes para activar cuerpo y cabeza, usar un calentamiento que ya conozcas y te funcione, no probar zapatillas nuevas ese día, hidratarte bien y comer con suficiente antelación (2,5–3 horas). A nivel de juego, centrarse en hacerlo muy bien en 2–3 cosas que dominas: si eres lateral, defender fuerte, temporizar bien y ofrecer siempre línea de pase al mediocentro; si eres 9, trabajar los desmarques y las descargas de cara, no solo el gol. Los mentores insisten en un punto clave: que tu video de prueba se parezca a cómo juegas el resto del año, no a un personaje inventado para impresionar.
Cómo aprovechar al máximo academias, campus y recursos externos
En la última década han crecido mucho las opciones fuera del club de toda la vida. Hay academias, campus, escuelas específicas de posición. Bien elegidos, pueden ser un impulso enorme; mal elegidos, una pérdida de tiempo y dinero. La clave está en que estos recursos se integren en un plan, no sean solo actividades sueltas. Un mentor suele ayudar a decidir qué tipo de apoyo externo tiene sentido según la edad, el nivel y el calendario competitivo del jugador. No es lo mismo un niño de 9 años que empieza, que un chico de 16 con objetivos claros de alto rendimiento.
Bloque de recursos: qué mirar antes de apuntarse
Cuando una familia revisa academias de fútbol para jóvenes talentos, conviene mirar cuántos entrenamientos semanales ofrecen, cuántos jugadores hay por entrenador, qué perfil tienen los formadores (experiencia real en base, formación en pedagogía, no solo exjugadores famosos) y si hay seguimiento individual o solo sesiones masivas. En un entrenador personal de fútbol para niños y adolescentes, es crucial que respete la edad biológica y no busque reproducir cargas propias de adultos. Cuando se trata de elegir un campus de fútbol de alto rendimiento para jóvenes, interesa saber si habrá análisis de vídeo, test físicos básicos, informe final con puntos fuertes y débiles, y no solo partidos amistosos sin evaluación clara.
Cerrar el círculo: qué busca de verdad un mentor en un jugador joven

Al final, la foto completa que un mentor trata de ver combina todo: técnica sólida y mejorable, comprensión táctica del juego, cabeza fuerte pero flexible, carácter fiable y un entorno que, al menos, no sabotee. No hace falta ser perfecto en nada, pero sí mostrar una cosa muy concreta: margen de mejora y voluntad de recorrerlo. Un chico con talento medio pero con capacidad de aprendizaje, buenos hábitos y curiosidad por entender el juego, tiene mucha más probabilidad de construir una carrera larga que el genio que solo vive del instinto y se niega a cambiar. Si algo define al jugador que enamora a un buen mentor es esto: cada mes es un poco mejor que el anterior, no por casualidad, sino porque ha decidido tomarse en serio su desarrollo. Y eso, en un mundo tan competitivo como el fútbol formativo, marca la verdadera diferencia.
